Capítulo 6:
-Sabía que no ibas a creerme
-Eso no existe, los vampiros no existen
-Él lo es, por favor…no quiero que algo suceda por mi culpa… ¡ya no quiero ver morir a nadie!
-No va a suceder nada malo, lo prometo – se miraron durante segundos a los ojos – es una promesa- afirmó y le regaló una pequeña sonrisa que Juka devolvió. Lo recostó nuevamente y lo cubrió acomodando las mantas. Iba a volver a su asiento cuando Juka lo tomó por una mano.
-Quédate hoy conmigo - le suplicó. Klaha asintió y se sentó en su silla aún con la mano de Juka sobre la suya.
-Descansa, lo necesitas – dijo Klaha todavía pensando en el gran delirio que acababa de escuchar. ¿Vampiros? Imposible…
- oye…-dijo el más pequeño rompiendo el silencio, Klaha creía que ya se había quedado dormido pero al parecer no era así. Levantó su vista – yo…yo he olvidado tu nombre…que vergüenza
-Soy Klaha
-Klaha…por favor… ¿podrías apagar la luz? ¿Y dejas encendida las luces suaves?
- de acuerdo
-gracias
Y así lo hizo volviendo a su lugar luego de haber hecho lo que Juka le pedía. Luego de darse las buenas noches, Juka cerró sus ojos y se dispuso a dormir mientras que Klaha no podía dejar de observarlo, era inevitable, era como si ese pequeño tuviera algo especial.
Estaba agotado, realmente agotadísimo, en ese día había sufrido tensiones, angustias, miles de cuestionarios y nerviosismo, y para colmo su cabeza le dolía. Necesitaba una ducha y una buena cena caliente pero había prometido a Juka que esta noche iba a quedarse con él. ¿Por qué Juka tendría tanto miedo si después de todo estaba dentro de un hospital? ¿Por qué le había dicho semejante mentira acerca de su tutor? ¿Vampiros?
Si, esa idea por más loca que fuera aún no abandonaba su mente.
El cansancio lo venció y se quedó dormido sentado en la silla, dejando caer hacia abajo su cabeza.
Y soñó…un paisaje totalmente desierto, un cielo rojo…Juka en medio y una figura totalmente negra se aproximaba a él y Juka lo llamaba…lo llamaba desesperadamente…parecía no poder moverse…y la sombra se acercaba, cada vez más se acercaba hasta que…
Unas voces lo despertaron, en un principio, se dedicó solo a escuchar sin moverse.
-Tú vendrás conmigo - decía una voz autoritaria que hizo que la piel se le erizara.
-Yo…lo lamento mucho, lamento mucho señor! Lamento lo que ha sucedido- decía Juka en un tono de angustia – nunca más va a suceder…lo juro!
-Juka…Juka…sé que no ha sido tu culpa- escuchó a Juka quejarse, sábanas moviéndose – pero nunca lograrás escapar de mí nuevo de esta manera…¿ Acaso ibas a volver a casa luego de recuperarte? No lo creo…de todas formas, ahora mismo vienes conmigo
-¡No, no! No quiero- en tono de desesperación.
Ya no lo soportaba y abrió sus ojos, alzó su cabeza para encontrarse con un hombre sentado al borde de la cama de Juka, lo tomaba por una muñeca y su otra mano estaba sobre el hombro del pequeño. Klaha se estremeció cuando este dirigió su fría mirada hacia él, jamás había visto a una persona con semejantes características. Piel blanca, luminosa, cabello largo y oscuro, unos ojos que daban escalosfríos, una belleza perfecta.
- Déjalo en paz- dijo Klaha con determinación a pesar de lo terrorífico que era aquel individuo
- creí que tú no ibas a molestar…de acuerdo…primero tendré que encargarme de ti- dijo Mana incorporandose
Capítulo 7:
¿Como había logrado rodear la cama tan rápido? Ahora Mana lo tomaba por un hombro, levantándolo de su silla como si pesara lo mismo que una pluma. Sorprendido y asustado, Klaha intentó retroceder.
-Tú serás mi cena- dijo Mana antes de acercar su boca a su cuello.
-POR FAVOR NO LO HAGA- gritó Juka incorporándose y rápidamente se interpuso entre ambos cuerpos, abrazó a Klaha – iré con usted amo, por favor no le haga daño
“- él…no puede ser…es imposible, debe haber alguna explicación para esto-“pensaba asustado Klaha mientras observaba a Mana
Mana pareció pensar lo que Juka acababa de decir, con un ademán un tanto aristocrático se sentó sobre la cama, sobresaltando al par que aún estaba abrazado.
-De acuerdo, pero tendrás que trabajar el doble, y no habrá comida para ti el día de mañana
-¡¿Pero que…- Klaha no pudo continuar con su protesta porque Juka lo abrazó aún más fuerte, bajó la vista, Juka lo miraba con expresión de cautela.
-Si, señor- dijo soltando a Klaha, se acercó a Mana –lo que usted diga estará bien- en ese momento se tomó su cabeza con sus manos haciendo una mueca de dolor.
-Ahora vas a decirme porque tienes eso- dijo Mana señalando las vendas
-Hoy…un automóvil me ha arrollado, me he golpeado la cabeza muy fuerte…me duele… me siento muy mareado…- su cuerpo se debilitó y hubiera caído al suelo de no ser por Klaha que lo sostuvo.
-Él debe recuperarse- dijo Klaha que tomó a Juka haciendo que se sentara en la cama, éste último al sentarse, aún débil se dejó caer hacia delante abrazando nuevamente a Klaha – se encuentra muy mal y debe descansar unos días aquí- dijo en tono duro
-Él solo está exagerando, no se encuentra tan mal- dijo Mana con desdén
-Tú…vas a pagar por esto- le dijo con furia notable - ¿Como puedes maltratarlo de esta manera? ¿Cómo puedes tenerlo en estas condiciones? ¿COMO?!
-Después de todo es un simple y miserable humano
-¿Y acaso tu no eres un humano como él?!
-Yo soy algo superior a esa escoria que es tu raza, yo soy un vampiro
-Eso no es cierto, eso no existe, los vampiros solo existen en las historias de terror
-De acuerdo, como quieras creerlo…- en un abrir y cerrar de ojos Mana estaba aún más cerca, casi rozando el cuerpo de Juka – ahora dime como pude hacer eso- dijo jactándose – o esto- se acercó a un espejo a un lado de la cama de Juka, Klaha se sobresaltó al no ver el reflejo de aquel hombre en él.
-T-tú…- titubeó sin poder creer lo que sus ojos veían, ¿era posible? ¿Cómo podía ser posible?
- Los vampiros existimos- dijo Mana mostrando sus filosos colmillos, ante la impresión del momento Klaha se desmayó.
Unos gritos lo despertaron, era Juka gritando. Al abrir sus ojos pudo notar que no se encontraba en el hospital y estaba recostado sobre una cama, una habitación iluminada por escasa luz se veía muy deteriorada y los gritos continuaban.
Con desesperación se puso de pie y abrió la puerta, caminó por el pasillo hacia donde se escuchaban más fuertes los gritos y súplicas de Juka. Finalmente llegó, la sala de estar, se detuvo en seco al ver esa imagen que hizo sentir que el alma se caía a sus pies
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