Love means Sacrifice - Capítulo 29

-¡Déjenme! ¡Ya les dije que no voy a colaborar! – escuchaba como Iori gritaba esas palabras mientras permanecía sentado en su celda de detención. Le habían tomado todos los datos, huellas digitales creándole así un expediente de antecedentes, si, lo habían pasado por un delincuente ahora su reputación de ciudadano estaría manchada. La misma policía se había encargado de llamar a casa de sus padres, como era menor y el delito era de mínima gravedad solo estaría detenido un par de horas.
Se miró las muñecas en donde tenía unas marcas de las esposas, le dolían. Pensó en si Satoshi había logrado escapar con aquel otro chico. ¿Qué diría Mikaru si se enteraba de todo esto?
Escuchó la familiar voz de su padre. Pronto, luego de que este firmara unos papeles el menor ya estaba fuera. Su padre ni siquiera le hablaba, subió al auto en silencio y encendió el motor comenzando a conducir luego de que Kenji subiera. El clima era tenso…no sabía que decir. Observó a su padre de soslayo, su expresión era dura y afligida a la vez.
-Papá…yo… - comenzó pero su padre le pidió que no hablara, si que se había metido en serios problemas esta vez…
Sin decir más se recostó en su asiento mirando por la ventana del auto durante todo el viaje.
Mientras tanto en la comisaría aún Iori seguía detenido. Se resistía a delatar a sus otros dos compañeros que luego de una persecución policial habían logrado escapar. En la sala de confesiones, con sus manos esposadas sobre la mesa miraba duramente en silencio al inspector de turno que intentaba mediante psicología muy barata lograr extraerle algún dato, sin embargo, era imposible.
Vió como el hombre rendido se retiraba, sentía las miradas sobre él a través de un vidrio donde podía verse reflejado.
-Devuélvanlo a la celda, y tiene tantas entradas aquí ya que está listo para el juicio – escuchó decir a aquel hombre antes de que la puerta se cerrara. Unos guardia cárceles entraron a buscarlos sosteniéndolo por los hombros lo guiaron hacia su celda de detención nuevamente.
Se sobresaltó bastante cuando uno de los comisarios mandó a llamar al “especialista”. Luego de tanto tiempo y siendo un tipo tan difícil todos ahí estaban hartos de tipos como él. Lo dejaron solo, se recostó en la incómoda cama que estaba en su celda que a propósito ni siquiera mantas tenía.
Y esperó allí, seguramente ese idiota llegaría nuevamente a hacerlo confesar como la mayoría de las veces lograba hacerlo. El oficial Seiji no era de fiar…sus métodos era algo ortodoxos sin embargo ahí estaba como un oficial más del equipo para colmo las fuerzas especiales contra delincuentes difíciles.
Aunque era un hombre demasiado apuesto le resultaba su manera injusta de actuar, varias veces pensó que sentía una atracción hacia ese hombre. Un parche le cubría un ojo, seguramente la herida vieja que algún reo le había causado, cabello largo rojo y negro, cuerpo delgado, bien formado pero fuerte y unos labios irresistibles.
La puerta se abrió, a los pocos segundos pudo ver como aquel agente entraba. –Buenas tarde, Iori – lo saludó en el tono ya de costumbre – Otra vez nos volvemos a ver, ¿Qué ha sucedido ahora? – caminó hasta una silla poniéndola frente a la cama para sentarse en ella mientras Iori se incorporaba sentándose usando de respaldo la pared así también logrando una pequeña distancia entre él y aquel hombre.
El policía tomó unos papeles que traía en la mano, seguramente el expediente del joven delincuente y lo leyó detenidamente unos momentos – Así que intentaste apuntar alto…-comentó suspicaz – Me asignaron la tarea de hacerte confesar quienes eran tus amiguitos que te ayudaban , así que comienza a hablar o tendré que recurrir a otro métodos.
-Pues hazlo, no pienso confesar una mierda- su tono grosero junto con sus palabras hicieron reír al oficial.
- Siempre tan educado – comentó luego de calmarse – Pero si no colaboras conmigo yo creo que ya sabes que te sucederá…ah ya te extrañaba ¿Lo sabías?
- Cállate imbecil – se apoyó las manos encadenaras por las muñecas sobre las rodillas haciendo un gesto despectivo
- Esa no es la manera de hablarle a un oficial de policía – contestó tomando a Iori por las cadenas de las esposas, tironeándolo hacia él hasta dejarlo de rodillas sobre la cama – Ahora dime – comenzó inclinándose un poco en su silla así acercando su rostro al de Iori - ¿Con cuantos amiguitos fuiste a jugar a esa fábrica y quienes eran?
- Eso no te importa, no voy a decirlo – molestó tiraba de las cadenas hacia atrás sin éxito, vió como el otro sacaba su bastón de su cinturón y se lo mostraba
-¿Recuerdas en donde lo tuviste? – le preguntó con una sonrisa de lado – Yo no te recomendaría que continúes resistiéndote a colaborar
Iori observó con miedo el objeto, recordaba muy bien aquella vez que jamás quisiera volver a repetir en su vida. Un escalosfrío le recorrió la espalda sin embargo no iba a rendirse.
-Hazlo si quieres – lo miró desafiante – que mas da si al final vas a hacer lo que se te plazca conmigo
- Oh no, estás muy equivocado…puedo tratarte de mejor manera pero tu así lo quieres – guardó su bastón de nuevo en su cinturón para tomarle el rostro – Eres tan lindo…y tan salvaje…no tienes idea de cómo me excita eso
- Déjame en paz – se sacudió violentamente pero el hombre había jalado la cadena hacia arriba, tumbándolo en la cama y dejándole las manos completamente inmovilizadas
- Ahora dime – lamió el cuello del chico -¿Vas a confesar o no?
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-¿Por qué has hecho eso, hijo? – le preguntaba su madre muy angustiada, al llegar a la casa Kenji se había quedado en la cocina, sentado y siendo regañado por su madre – Esa no es manera de divertirse con amigos…¡Y yo que pensaba que serían algo bueno para ti que tuvieras más amigos!
- Mamá...yo…no quería hacerlo…- dijo por lo bajo
-¿Entonces te obligaron? – el nerviosismo de su madre era contagioso
-¡Yo no dije nada de eso! – gritó de repente, en cierta forma su madre tenía razón pero…le tenía lago de cariño a Satoshi después de todo, eso no le permitía acusar a nadie – Y no hables así de mis nuevas amistades, ellos habrán tenido culpa pero yo también la tuve
- ¡No me interesa nada de eso ya! ¡Lo único que a ti debería importarte ahora es estudiar y ya no tener más problemas! ¡Estás castigado!
- ¡Bien! ¡Eso haré! – enfadado salió de la cocina para dirigirse a su habitación, sabía que la situación estaba mal, eso le hacía sentirse peor. Jamás había hecho llorar a su madre, hacerla preocupar así, se sentía culpable pero a la vez estaba preocupado por aquellos chicos. No podría salir, de eso era seguro ya que ahora estaba castigado sin embargo debía saber acerca del destino de aquellos chicos. Pensó en escaparse pero sintió miedo ya que si lo hacía su madre le pondría un castigo peor. Del coraje unas lágrimas se le saltaron, la situación era injusta, complicada. Sin saber que hacer se sentó en su cama, en realidad no creyó que eso pudiera estar pasando de esa forma. ¿Que debería hacer? Además Mikaru debería estar muy preocupado por él.

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