Love means Sacrifice - Capítulo 28

Pronto había amanecido, despertó por casualidad, eran las 7 de la mañana al ver el reloj en la mesa de luz, aún muy temprano. Observó el techo en el que la luz permanecía encendida. Se levantó suavemente para no despertar a Mikaru, apagó la luz y apenas abrió las cortinas. Afuera la neblina de la mañana cubría parcialmente todo, aunque el cielo estuviera algo gris ya los pájaros comenzaban a cantar. Seguramente en unas horas ese sería un día espléndido y soleado. El silencio le perforaba los oídos, de no ser por esos pájaros hubiera creído que se había quedado sordo. Nadie en la calle…

Se estiró un poco luego viendo al rubio dormir, su respiración era calma a un ritmo constante. Su expresión era bonita, hasta se veía algo feliz.

Buscó en su bolsillo las pastillas que Satoshi le había dado, en una hora debía darle una a Mikaru. Como sus ojos se cerraban solos aún pidiéndole un poco más de sueño se decidió a tomar el reloj despertador, por cierto muy parecido al suyo. Se sorprendió al ver que el reloj tenía puesta la alarma para sonar a las ocho de la mañana. Se recostó con la misma suavidad acurrucándose contra el chico que dormía cayendo dormido casi al instante.

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El timbre los despertó, entre su sobresalto escucharon risas de niños. Se habían dormido en el sillón casi en la misma posición en la que estaban antes. Luego de que Kamijo se quedara dormido sobre las piernas de Teru este había decidido estirarse un poco apoyando las piernas en la mesita, pronto el sueño también lo había vencido a él quedándose dormido en esa posición y con el T.V encendido.

-Malditos niños… - se quejó levantándose de su cómodo lugar para masajearse un poco el cuello – Algún día los atraparé… ¿Y porque no me despertaste tú? Mira que dormir así…- regañaba mientras veía a Teru también masajearse el cuello – Buen día
- Buenos días, Kamijo – saludó Teru luego bostezando - ¡Que tarde es! – exclamó al ver en el reloj la hora que era
- Si, es tarde pero la cama estaba muy deliciosa…como para seguir durmiendo otro poco – se estiraba a medida que iba dejándose caer poco a poco con intensiones de volver a recostar su cabeza en las piernas de Teru pero éste se levantó apresurado hablando rápidamente acerca de cuanto dinero debería conseguir hoy para comprar el almuerzo. No tuvo más opción que recostarse en el sofá con una sonrisa en sus labios escuchando todo ese tierno parloteo matutino.
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-¡Despierta…debes tomar la medicina…despierta…DESPIERTA!
-¿Q-que? ¿De que? – preguntó algo confundido con sus ojos a medio abrir, Kenji lo había despertado demasiado brusco, se había desorientado
-Que debes tomar tu medicina – dijo el menor ya bastante cabreado, abrió las cortinas de par en par dejando entrar toda la luz de repente. Mikaru se frotó los ojos tomando luego la pastilla y el vaso de agua que el pequeño le alcanzaba.
-Que manera de dormir… ¡Como tronco! – bufó observando las vendas - ¿Cuándo tienes que cambiarlas?
- Pasado mañana…quiero un cigarrillo – hizo un puchero – Están en la sala
- No entiendo como puedes fumar desde tan temprano – se quejaba mientras caminaba a buscarlos, le arrojó la cajetilla casi a la cara, se sentó en la cama de manera algo brusca -¿Quieres algo de desayunar además de humo de cigarro?
- Uhm…pues…unos besos – sonrió mientras buscaba a tientas el encendedor en la mesita de luz
- Hablo en serio
- Yo también, pequeñito
Iba a soltar mil maldiciones en contra del rubio, es que lograba hacerlo enfadar además de avergonzar tan fácilmente…le resultaba increíble a veces. Por su parte Mikaru, sabiendo lo que sucedería ya que conocía los límites de Kenji no pudo evitar dejar escapar una risa que le hizo doler hasta la herida. El timbre sonó justo a tiempo salvándolo de la lluvia de insultos, Kenji se levantó y fue hacia la puerta dejándolo riendo solo. Se fijó por la mirilla viendo a Satoshi esperando a que alguien le abriera la puerta.
-Buenos días – saludó al pelinegro luego cerrando la puerta con llave nuevamente
- Buen día, Kenji. ¿Se ha portado bien el paciente?- bromeó caminando directamente hacia la habitación a ver a su amigo.
- …Algo así – se notaba que estaba molesto a miles de metros
- Ya veo… ¡Hola preciosura! ¿Cómo te sientes hoy? – dijo en modo de saludo a su amigo
- Un poco mejor que ayer aunque sigue doliendo como el demonio
- Bien, algo es algo y al parecer el pequeño ayuda bastante a aliviar el dolor – palmeó la espalda de Kenji un par de veces, éste se sonrojó – Debo recordarte algo y hacerte una pequeña consulta…pero primero quiero un rico desayuno – dijo mirando al menor mientras se sentaba en la cama a un lado de Mikaru.
-Yo lo preparo…pero… ¿Qué quieres desayunar?
- Pues…lo que quieras preparar tú
- De acuerdo, enseguida vuelvo – casi corrió hacia la cocina a preparar el desayuno no solo para Satoshi sino que para los tres ya que discutiendo había olvidado el hambre que traía.
- Mikaru…hoy habíamos fijado fecha con los chicos para “visitar” esa fábrica de electrodomésticos…ya sabes que están reformando el lugar y no hay casi nadie – comenzó el pelinegro apoyando su mano en el colchón luego de asegurarse que Kenji estaba lo suficiente lejos como para no escuchar.
- No estoy en buenas condiciones para acompañarlos, tú lo sabes
- Por eso quería preguntarte… ¿Podría llevar a Kenji conmigo? Prometo cuidarlo
-¡¿Estás loco?! – gritó ignorando el dolor que le punzaba en el abdomen – No voy a dejar que pongas en riesgo a Kenji
- ¡Pero él solo vigilará que no venga nadie! ¡Por favor! Además va a aburrirse si está aquí contigo durmiendo todo el día – puso ojitos a los que Mikaru jamás en su vida pudo negarse
- No pongas esa cara, ¡Te detesto!….Está bien…pero si vuelve con un solo rasguño olvídate de tu existencia, cuídalo mucho…y no le digas que van a ir a asaltar el depósito solo llévalo y ya
- De acuerdoooo
Esperaron a que el menor terminara de preparar el desayuno para tomarlo mientras conversaban. Podía notarse a leguas el nerviosismo de Satoshi…era incapaz de ocultar algo durante mucho tiempo además de que Mikaru se divertía bastante complicándole la existencia con indirectas acerca de lo que iba a hacer esa mañana.
-B-bueno… ¡Muy rico el desayuno, Kenji! – le agradeció entregándole la taza y el plato vacíos – Ehm…¿Podrías acompañarme a un lado? Solo será un momento

-Claro, ¿A dónde vamos? En seguida estoy listo – dijo camino al baño para ir a arreglarse el cabello
- No es muy lejos…solo unas calles, en unos instantes estaremos de nuevo aquí – miraba nervioso a Mikaru que escuchaba el diálogo en silencio y fumando un nuevo cigarrillo.
-Ya estoy listo – anunció poniéndose de pie en la puerta de la habitación
- Bien, nos vamos…
El pequeño se despidió rápidamente de Mikaru dándole un beso tierno.
-Ten cuidado – le dijo el rubio volviendo a besarlo
-Si - respondió luego siguiendo a Satoshi. Bajaron como de costumbre por el ascensor los pisos hasta llegar a la planta baja en la que al llegar el pelinegro sacó unas llaves. –Iremos en mi auto – le anunció – aunque no es tan bonito como el de Mikaru al menos es algo.
Lo guió hasta dando la vuelta al edificio en el que entre otros autos pudo distinguir el del rubio –Vamos, sube – le invitó abriéndole la puerta. Kenji se quedó en seco al ver el auto “no tan bueno” del que hablaba…
-Si piensas que esto no es muy bueno…entonces enloqueciste – el pelinegro cerró la puerta caminando por delante del auto para tomar asiento en el lado del conductor.
-No, no es tan bueno…- encendió el motor – etto…debemos buscar a alguien antes de irnos – dicho esto aceleró dirigiéndose hacia un edificio a unas cuantas calles de aquél.
Kenji pudo ver, al detenerse el auto como dos chicos igual de jóvenes que Satoshi y él se acercaban. Golpearon el vidrio y Satoshi les abrió la puerta. Los chicos entraron saludando y presentándose mientras Kenji los analizaba con la mirada, el pelinegro lo presentó como un amigo.
Uno de ellos era castaño, casi rubio…el menor supo que su nombre era Iori luego de haberse presentado, el otro tenía el cabello completamente fucsia, bastante llamativo pero muy bonito. Kenji pensó que tal vez tendría su misma edad, sus rasgos aún infantiles lo delataban, el chico se presentó como Jun.
Satoshi puso en marcha el auto saliendo del vecindario, al pasar por el edificio de Mikaru, que ahora el menor conocía mejor contó con cuidado las calles hasta el final del mismo para así no perderse una próxima vez que tuviera que ir solo a ese lugar.
Viajaron alrededor de 15 minutos, las calles de la ciudad como siempre pasaba los días Sábados estaban llenas ya desde el mediodía. Tomaron una calle en la que de pronto Satoshi dobló en plena acera metiéndose en la entrada de camiones de carga de un lugar. Kenji miró el logo del cartel, era una fábrica de electrodomésticos muy conocida. Siguió con la mirada y algo extrañado aquel cartel… ¿Desde cuando ladrones venían a…..? - ¡Cielos! – exclamó al caer en la cuenta - ¡¿Van a robar?! – preguntó sobresaltado comenzando a ponerse nervioso
-Si, es lo normal ¿No? Seguramente habrá ordenadores portátiles que podamos convertir en mucho dinero en el mercado negro – dijo con algo de ansias Iori
- ¿Q-Que…? – de pronto se había quedado paralizado, aquellos chicos que ahora detuvieron el auto en una esquina cerca a la puerta trasera del depósito en verdad iban a robar. ¿Y si la policía llegaba y los atrapaba? ¿Y si los perseguían? ¿Podría salir lastimado? – Chicos…yo…creo que me voy a casa – dijo abriendo la puerta del auto.
-¡Espera Kenji! Te traje para que nos ayudaras…- explicó Satoshi intentando calmarlo
-¡Yo no voy ayudarle a nadie a robar! ¡Y yo que creía que tú eras diferente a todos estos delincuentes…! – caminaba con Satoshi persiguiéndolo, éste último lo tomó por un hombro para detenerlo firmemente.
- Será rápido, lo prometo. Además solo vigilarás si alguien viene. El lugar está cerrado por reformas solo hay un guardia dentro pero lograremos neutralizarlo. Por favor ayúdame…Jun iba a hacer este trabajo de vigilar pero Mikaru…ya sabes…así que Jun también entrará con nosotros. ¿Me ayudarías? Por favor, hazlo por mí…- dijo en tono dramático muy convincente a lo que Kenji no pudo negarse.
-Uy esta bien… ¡Pero que sea rápido! – se recargó contra la pared sin ni siquiera mirarlo, se cruzó de brazos mientras Satoshi le dejó un beso en la mejilla.
- ¡Gracias! ¡Gracias! Ya me voy… ¡Enseguida te recogemos! – dijo este volviendo a subir al auto para ponerlo en marcha y acercarlo un poco más a la puerta del depósito. Kenji se volvió apenas tocándose la mejilla viendo como el auto desaparecía de su vista, tampoco pudo ver a Iori ni Jun. Suspiró vigilando la entrada - ¿A quien se le ocurre robar en pleno día? – se preguntó enfadado - ¿Y que rayos hago ayudando a ladrones? Ya he perdido la cabeza… - se acomodó el cabello que con el viento le entraba en los ojos. Observó el cielo, tenía razón al pensar que ese sería un día bonito y soleado.
Se sobresaltó cuando un gato revolviendo en un bote de basura hizo un pequeño ruido. Se agachó y estiró la mano, el minino se acercó frotándose contra él de manera cariñosa. –Que lindo gatito eres…- dijo sonriendo mientras lo acariciaba. El gato huyó al poco tiempo satisfecho y feliz con las caricias…se volvió a poner en su postura de vigilancia escuchando a lo lejos los ruidos de la avenida principal que cerca estaba, ruido de bocinas, autos, sirenas…pero en especial ese ruido era el que más le llamó la atención ya que o era su imaginación o ese ruido se hacía cada vez más fuerte.
Escuchó un estruendo, el ruido del baúl del coche de Satoshi abrirse y cerrarse, voces. -¡Ve a buscar a Kenji! – escuchó gritar a Satoshi, el menor se volvió su mirada al frente luego de haber mirado hacia atrás y pudo ver algunos coches de policía, las sirenas sonaban fuerte aturdiéndolo. “-Salgan con las manos en alto-“escuchó a un hombre decir por medio de un altavoz. Se sobresaltó cuando alguien le tomó del brazo, era Iori.
-¡Saldremos por el otro lado! Espérenos en la diagonal de la avenida principal! – volvió a escuchar gritar a Satoshi luego como el auto arrancaba. Escuchó segundos más tarde el sonido de un auto chocar, vidrios romperse y un automóvil acelerar rápido, fuerte. Unos disparos.
-¿Q-Que ha pasado?- preguntó histérico Kenji al chico castaño, este lo tiró de un brazo gritándole que corriera. Escuchó ruidos de pasos correr detrás suyo, se acercaron hacia la otra salida que tenía la fábrica, fueron sorprendidos por dos policías, uno de ellos logró atrapar a Kenji por la ropa.
-¡Suéltalo!- gritó Iori golpeando al policía de lleno en la cara, volvió a tomar a Kenji del brazo que casi cae volviendo a correr por el corto pasillo, al llegar a la acera pudo ver tres patrullas. Dos de ellas vacías y una en la que a un lado había dos policías más.
-¡No se muevan o dispararemos! – gritó uno de los policías apuntando con su arma, el otro hizo lo mismo. Sin hacer caso a las instrucciones del policía Iori comenzó a correr aún tomando a Kenji que sentía como un par de balas habían pasado muy cerca de su pierna y uno de sus brazos.
Los policías comenzaron a perseguirlos, Iori al tener las piernas más largas y seguramente acostumbrado a este tipo de persecuciones le llevaba una ventaja notable a Kenji. Finalmente pudieron llegar a la avenida principal que estaba atestada de gente - ¡Por aquí!- le indicó entremezclándose entre todos, los policías se abrían camino aún persiguiéndolos. Kenji seguía nervioso y desesperado al chico que le llevaba aún ventaja de al menos medio metro, hasta sentía ganas de llorar. Chocó inesperadamente contra un par de personas cayendo al suelo, los policías lograron atraparlo mientras se levantaba. Iori se detuvo vacilando en ayudarlo o seguir corriendo, solo faltaba una calle para llegar a destino. Vió como el chico se revolvía y gritaba, todos en la calle caminaban esquivando o evitando esa escena. Se dirigió decidido hacia el chico, tal vez aún podría liberarlo. Se abalanzó sobre uno de los policías que sostenía al menor sin percatarse que otros dos estaban llegando como refuerzo.
-¡Ah maldición! – gritó cuando los hombres lograron neutralizarlo contra el suelo y le colocaban las esposas. Kenji, a su lado en el suelo estaba en la misma situación. Las sirenas de las patrullas de la fábrica se escuchaban cerca de nuevo…

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