-¿Se quedó dormido?- se escuchó de repente entre el silencio de la habitación, Kenji volteó a ver algo sobresaltado y sonrojado al pelinegro. Se preguntó durante cuanto tiempo había estado el otro ahí de pie en la puerta de la habitación bebiendo tranquilamente de una lata de cerveza - Recién llego aquí, no he visto nada de su escena amorosa así que no te preocupes – comentó como leyéndole el pensamiento.
Kenji hizo un pequeño silencio mientras se levantaba de la cama y cubría a Mikaru con las mantas.
-Se ve mucho más lindo cuando duerme – comentó un poco por lo bajo el pequeño mientras lo observaba
- En eso coincido contigo – sonrió de lado terminando su cerveza - ¿Quieres comer algo, Kenji? O tal vez beber…hay de todo y siéntete libre de tomar lo que quieras
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Y ahí estaba, correspondiéndole al chico que aún creía su hermano pero…ese beso era tan tierno y hacía bastante que no besaba ni recibía una muestra de cariño así…
Se separó lentamente cortando el beso – Lo siento pero no puedo hacer esto – se disculpó otra vez pero la verdad era que le había gustado.
-Perdóname a mí…fui demasiado brusco, creo – se relamió los labios unos momentos mirando hacia otro lado
-…etto… ¿Quieres algo de beber? Se antoja un rico té rojo – cambió de tema con su sonrisa de siempre a pesar de aun tener sus ojos algo irritados.
-Te lo prepararé – dicho esto se levantó para dirigirse a la cocina a poner el agua a calentar, por su parte, Teru se volvió al sillón encendiendo el T.V para ver si daban algo divertido o interesante. A los pocos minutos Kamijo volvió con una taza humeante del té que el menor quería. Este la tomó y dio un pequeño sorbo mientras fijaba su vista en la pantalla. Kamijo se sentó a su lado observándolo, creyó que luego de esa pelea las cosas se complicarían pero no parecían estar tan mal después de todo. Se recostó apoyando su cabeza en las piernas del chico -¿Puedo? – le preguntó mirando a Teru desde abajo, este asintió sonriente y Kamijo se acomodó mejor.
El pequeño llevó su mano al cabello de Kamijo y lo acarició suavemente mientras seguía bebiendo de su té y mirando lo que daban en la T.V.
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Luego de haber encontrado una pechuga de pavo, un alimento que solo una vez en su vida había probado y le resultó delicioso, decidió cocinarla y comerla en un sándwich. Ambos, él y Satoshi ahora se sentaban en la mesa de la sala de estar. El pelinegro fumaba tranquilamente un cigarro mientras tarareaba una canción que daban en la radio, esta sonaba a un volumen bajo para no despertar al chico que dormía.
-¿En verdad tu crees que esté bien?- preguntó Kenji refiriéndose a Mikaru aún preocupado
-Si, lo está ya no te preocupes por él. Es fuerte.
-Pero… ¿No habría que llevarlo a un hospital?
-No es necesario, alguien que sabe del tema ya lo atendió. Llevarlo a un hospital sería un riesgo, tanto a él como a mí nos conocen en varías comisarías…somos prófugos desde la última vez que huimos de una imagínate si llegan a vernos en un hospital.
-Ya veo…pero…- vaciló en preguntar algo que desde que había llegado ahí ese día lluvioso tenía en mente - ¿Por qué no pensaron antes en tener una vida de ciudadano normal? Así las cosas serían más fáciles – calló de repente esperando a recibir al menos un golpe de parte de Satoshi pero al contrario este permanecía calmado.
-No es tan fácil a veces hacer las cosas como las piensas. De todas las personas que puedes ver en este gran lugar…pues…algunas nacieron aquí, como Mikaru…a otras la vida o el mismo destino les dio la espalda y por eso estamos aquí. Mi madre había sido abandonada por su familia…terminó en un bar trabajando y…-apretó sus puños un momento – terminó siendo violada por un asqueroso hombre a quien ni siquiera conozco…era el conserje del edificio donde vivía. Cuando tenía apenas tres años recuerdo como nos mudamos aquí…luego murió pero al menos fui capaz de conocerla y cuidarla – dio otra profunda calada soltando el humo suavemente.
Salvo por el sonido de la radio, la sala había quedado sumida en un profundo silencio. Kenji intentaba procesar toda esa información mientras se arrepentía mil veces de haber hecho esa pregunta.
-Lo siento – solo pudo decir, terminó su sándwich aunque ya ni hambre tenía, esa pequeña historia le había cerrado el estómago.
- No es tu culpa – sonrió amistosamente
-Si pero…lamento haber hablado de más- suspiró y miró hacia otro lado
Un débil sonido les llegó desde la habitación de Mikaru, ambos se levantaron y caminaron los escasos pasos que había desde la sala a la habitación. Como estaba oscuro Satoshi encendió la luz encontrándose con Mikaru cubierto en sudor. Sus ojos estaban cerrados pero se quejaba de a momentos como si estuviera delirando.
-Tiene mucha fiebre – dijo Kenji luego de posarle la mano en la frente – Hay que bajársela. ¿Tienes una toalla mojada?
-Si – Satoshi caminó rápidamente hacia el baño buscando una toalla limpia para humedecer con agua bien helada. La escurrió y ese volvió a la habitación entregándosela a Kenji – El enfermero dijo que iba a tener fiebre durante la noche
-¿Tienen doctores aquí?- preguntó curioso mientras doblaba la toalla luego apoyándola en la frente de Mikaru
-Bueno…era enfermo así que es lo mismo
En su delirio al escuchar la voz del pequeño Mikaru lo llamaba una y otra vez, por su parte este intentaba tranquilizarlo entregándole la toalla que tomaba temperatura rápidamente al pelinegro para que este corriera nuevamente al baño a humedecerla con agua helada.
Así pasaron alrededor de una hora o tal vez una hora y media, la temperatura del chico subía y bajaba dándoles problemas a Satoshi y Kenji que apenas terminaban de cumplir con su tarea cuando ya la temperatura del otro comenzaba a subir otra vez.
Una vez que se aseguraron de que Mikaru estuviera estable, Satoshi, agotado se despidió a descansar.
-A las ocho de la mañana dale esta pastilla, cualquier cosa que necesites ya sabes…vivo al lado, no importa la hora tu tocas el timbre o la puerta, ¿Si?
-Si, muchas gracias
-Y a ti también, cierra bien con llave – le indicó mientras Kenji lo seguía a la puerta para despedirlo. Buscó las llaves que estaban en un mueble, cerró la puerta como el pelinegro le dijo volviéndose a la habitación.
-¿Ya te sientes mejor? – le preguntó al chico que estaba con los ojos entreabiertos
-Un poco…pero mi cabeza duele y la herida arde
-Es normal…- comentó Kenji recostándose en la cama a un lado de Mikaru. ¿Quieres dormir?
-No, ya he dormido suficiente así que tal vez más tarde duerma un poco más…A propósito…solo me has dado un beso hoy – su tono sonaba a reproche algo tierno
- ¿Y para que quieres tantos besos tú?
-Porque me ayudan a curarme – dijo con una sonrisa
-Claro…- de pronto le había entrado el mal humor – No digas estupideces
-Ay vamos solo un besito – lo tomó por una muñeca para atraerlo más a sí
-¡Ya…ya! Pero solo uno – se acercó hasta rozar los labios de Mikaru
-Pero con lengua
-Sin lengua, es asqueros…..- como siempre sin escucharlo Mikaru le había soltado la muñeca para posarle la mano en la nuca de manera que no pudiera separarse, coló su lengua y hábilmente recorrió la boca del chico luego masajeando y jugando con la otra lengua. Kenji suspiró dejando de resistirse imitando los movimientos que el mayor hacía, incluso comenzaba a darle ese calor del que a veces se avergonzaba.
Mikaru continuó besando llevando cada vez un poco más el cuerpo del pequeño sobre el de él, se separaron un poco para respirar, Mikaru no perdía el tiempo ya que mientras se recuperaba un poco besaba y lamía el cuello de Kenji que hasta se escuchaba tierno intentando reprimir gemidos. Se sobresaltó cuando el rubio le tomó una mano y se la posó sobre su miembro, este estaba algo despierto.
-Estoy caliente – le dijo pervertidamente al oído en un tono sensual que hizo estremecerse al más pequeño.
-P-pero tú…estas herido…no puedes…no puedes…
-No, no puedo pero tu puedes ayudarme a que se me pase...- movió un poco la mano de Kenji generando un roce – Uhmmm….Kenji…- le gimió al oído y el menor creyó que iba a derretirse en ese mismo instante
-¿Pero que quieres que haga?- dijo sonrojado hasta las orejas
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