El timbre de la casa sonó, la mujer, madre de Kenji se extrañó un poco al escuchar el timbre a esa hora es que el padre de Kenji no solía llegar a casa tan temprano y mucho menos un viernes cuando había aún más trabajo.
El pelinegro esperaba nervioso a que alguien abriera la puerta, hubiera rogado que fuera Kenji pero sus nervios aumentaron al ver aparecer la mujer tras la puerta.
-Buenas noches señora – dijo con demasiado entusiasmo - ¿Estaría Kenji en casa? – preguntó con una amable sonrisa. La madre, más que encantada al ver el uniforme de la escuela de su hijo le dijo al chico que esperara, iba a ir a buscarlo.
-¿Qué pasa mamá?- preguntó molesto el pequeño al ser despertado por su madre, abrió la puerta de la habitación estirándose y bostezando.
-Hijo, tienes visitas – le dijo su madre
-¿Visitas? Enseguida voy…- dijo mientras veía a su madre volverse por el pasillo seguramente a la cocina o la sala.
Y así bajó a recibir a su visita, en pijamas y descalzo. - ¿Que quiere ahora este tonto de Mikaru? – se preguntaba mientras caminaba hacia la puerta aún frotándose el ojo, fue una sorpresa bastante grande el descubrir al amigo de Mikaru y no al mismísimo nombrado frente a su puerta - ¿Hola?-
-Hola Kenji, etto…vengo…¡Vengo a buscarte!
-¿Buscarme?
-Si, buscarte. Vengo de parte de Mikaru
-… Estaba durmiendo
-El quiere verte…uhm…el ha tenido…como te explico…un pequeño accidente
-¿Qué le pasó? – preguntó sobresaltado interrumpiendo a Satoshi
-¿Te explico en el camino?
-Al parecer no tengo más remedio…- se miró su ropa – estoy en pijamas pero si me das un minuto en seguida vuelvo – al ver al pelinegro asentir se volvió rápidamente a su habitación poniéndose unos jeans y una camiseta para luego dirigirse a la cocina –Mamá…saldré hoy – luego de quedársele mirando con una sonrisa su madre asintió feliz y le deseó suerte a su hijo que aliviado salió de la casa cerrando la puerta detrás suyo.
-¿Y bien? – dijo luego de suspirar - ¿Nos vamos?
-Si, por aquí por favor – Satoshi guió a Kenji hasta la vuelta de la esquina en la que estaba estacionado el auto de Mikaru. El rubio le había dado unas cuantas instrucciones que se había tomado el tiempo, durante el camino de aprenderse. Subieron al auto y encendió el motor comenzando a conducir a una velocidad promedio. Kenji se relajó en su asiento disfrutando del viaje tranquilo, miró algunos autos que pasaban y los carteles luminosos de la calle.
-¿Qué ha pasado?- preguntó curioso rompiendo el silencio que había
-Una pelea, hace tiempo tuvimos una pelea contra un bando y ambos lados sobrevivimos, el líder odia a Mikaru porque es de las personas que si no pueden derrotar a su enemigo lo persiguen hasta hacerlo. Mikaru quiso ir a acabar esto de una vez pero las cosas no salieron muy bien y bueno…esta en cama herido.
-¿Es muy grave?
-Un poco pero en menos de un mes ya estará medianamente curado
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No podía parar de temblar, en su mente aún permanecía la mirada de sinceridad con que su hermano lo miraba mientras le contaba esa historia… ¿Pero en verdad estaría diciéndolo en serio?
No creía capaz a su hermano de mentir de semejante manera, mucho menos si el tema incluía a sus padres pero…entonces…ellos no tenían ningún lazo.
Se levantó y caminó con determinación hacia la puerta de la habitación, golpeó suavemente un par de veces esperando a que el mayor contestara pero como era de esperar no lo hizo. Giró con la misma suavidad el pomo de la puerta, estaba abierta pero dentro, la habitación estaba oscura. Caminó unos pasos y encendió la luz, pudo ver a Kamijo recostado sobre la cama, este le daba la espalda.
-¿Puedo pasar? – preguntó acercándose un poco a la cama
-Ya lo hiciste- contestó secamente
-Bueno…eso es verdad pero… ¿Puedo sentarme?
-Si tú quieres…
Se sentó en el borde de la cama y esperó a que Kamijo diera media vuelta para mirarle. Se observaron durante un corto tiempo hasta que el menor rompió el silencio.
-Perdóname por hablar así antes…en verdad no creo que mientas
-Yo jamás miento
-Pero…tú sabes que yo te quiero como a mi hermano y siempre seré tu hermanito
-Pues para mi no lo eres, acepta eso de una vez
-Yo…lo siento – se disculpó el pequeño bajando la mirada – en verdad lo siento. Kamijo se acercó un poco para luego sentarse en el borde de la cama junto al del pelo bicolor. Le acarició el cabello suavemente en un gesto de cariño.
-Yo soy el que lo siente, lamento que tengas que pasar por esto…todo por mi culpa
-Ahora entiendo muchas cosas – esbozó una pequeña sonrisa pero sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas de nuevo – en verdad lo siento Kami
-Oye, no llores que odio verte llorar – le dijo con calma, su tono de voz era suave y tranquilizador, su mano que acariciaba el cabello bajó hasta la mejilla quitándole unas lágrimas. El ver así a Teru le hacía muy mal, amaba ver su sonrisa no sus lágrimas. Continuó consolándolo con palabras y gestos de cariño, echándose la culpa, intentando no pensar en lo frágil y tierno que se veía el pequeño aún triste y llorando hasta que no pudo más y volvió a darle un beso cargado de todo lo que sentía en ese momento.
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-Amo tu forma de conducir, sinceramente – dijo una vez que llegaron mientras subían por el ascensor – Al menos alguien que conduce con normalidad, no tienes idea de lo feliz que me has hecho en media hora
Satoshi rió sabiendo muy bien a lo que se refería, había experimentado varias veces la manera de conducir de su amigo, aún le daba vértigo recordar esa manera de conducir.
El ascensor se detuvo en el piso correcto y luego de forcejear un poco la puerta del ascensor finalmente se abrió – Ya está comenzando a romperse, que pena – comentó Satoshi haciéndose sonar los dedos que habían quedado contracturados por el esfuerzo, Kenji lo siguió viéndolo como sacaba las llaves del departamento de Mikaru. El corazón le dio tumbos cuando esa puerta se abrió. La cruzó lentamente mientras Satoshi anunciaba que habían llegado.
-Está en la habitación, yo iré a buscar algo de comer a la cocina – se excusó Satoshi para dejar a la parejita sola unos momentos y se dirigó hacia donde había prometido. Kenji caminó lentamente casi escuchando su corazón latir fuertemente, se asomó desde la puerta de la habitación encontrando al chico con los ojos cerrados.
Vaciló hasta que finalmente se dirigió hacia la cama y se sentó suavemente en el borde.
-¿Qué has estado haciendo, tonto?- le preguntó en su típico tono, sabía que Mikaru estaba despierto ya que su respiración era diferente a cuando estaba dormido. Se preguntó a sí mismo cuando había empezado a notar esa diferencia. Observó las vendas envolviendo el torso desnudo y esa pequeña mancha de sangre a la altura del estómago.
-Solo fue una pequeñez – contestó el rubio abriendo los ojos para verlo – Hola
-…Hola…- respondió mirando hacia otro lado
-¿Qué no vas a saludarme como corresponde? Estoy herido, cuídame y trátame bien – dijo en tono de víctima, Kenji suspiró pesadamente rodando los ojos. Gateó por la cama hasta llegar a su lado dándole un pequeño beso – Quédate así – comentó o más bien ordenó al sentirse tan a gusto con el pequeño a su lado, éste último obedeció recostándose de lado, apoyando su codo en la almohada. Mikaru encendió un cigarrillo, el último de los dos que Satoshi le había dado.
-¿Te duele mucho? – le preguntó disimulando su preocupación - ¿Por qué dejaste que te hicieran eso?
- Ahora no duele tanto porque me han dado un calmante y fue un descuido de mi parte, bajé la guardia un momento
-Eso no me extraña – comentó acariciando con su dedo las mantas – Pero al menos estás….- no terminó la frase
- ¿Estoy vivo? – adivinó el final, Kenji asintió mirando los propios círculos que dibujaba imaginariamente con su dedo aun sobre la manta
- …Si, eso
- Así que en verdad estabas preocupado- dijo a medio sonreír – Eres mas tierno de lo que pensaba – tomó la mano de Kenji y la llevó a su cabello en seña de que lo acariciara, este se acercó un poco más tímidamente. Entendiendo lo que el mayor quería le acarició suavemente el cabello hasta que este, finalmente y en verdad se quedó dormido.
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