-¡Ah maldición! – se quejaba ya que la aguja le daba una sensación de dolor terrible, lo bueno era que la herida ya casi estaba cerrada y pronto podría descansar un poco de esa tortura.
-Ya está – anunció Hizaki luego de unos cuantos minutos – Ahora te vendaré así descansas pero primero deberás comer algo y tomar un calmante – le explicó al chico que estaba a punto de desmayarse.
-¿Estará bien, Hizaki-san? – preguntó preocupado Satoshi al ver a Mikaru recostarse en una posición más cómoda y suspirar pesadamente.
-Si, estará bien siempre y cuando no haga esfuerzos o se ponga de pie, tampoco puede dormir sin dejar de mirar el techo, la herida puede sangrar al ser tan reciente. Iré por comida, vendas y el calmante, enseguida vuelvo – salió de la habitación rápidamente dejándolos solos.
-Luego de que me dé el calmante nos vamos – le dijo Mikaru que permanecía con los ojos cerrados
-Pero si no debes ponerte de pie… – le regañó preocupado su amigo
- Solo serán unas calles…o me cargas. No puedo quedarme aquí abusándome de la hospitalidad de Hizaki
-Te cargo entonces y hoy me dejarás cuidarte
-…Si, claro
-Aquí tengo las vendas – Hizaki entró con un rollo bastante grande de vendas y cinta adhesiva - ¿Puedes ayudarme a que se siente? Tú lo sostienes para que no se esfuerce – le habló con calma a Satoshi que asintió con la cabeza y tomó a Mikaru para ayudarlo a sentarse. Éste se quejó al sentir una sensación parecida a como si todos sus órganos empujaran contra la herida y la hicieran latir y sangrar apenas unas gotas.
Con cuidado Hizaki comenzó a vendar todo el torso de Mikaru dándole vueltas hábilmente al rollito de la venda que comenzaba a adelgazar. Una vez terminada su tarea, pegó con cinta adhesiva de tela en los lugares donde era necesario. –Ya puedes recostarte – le dijo al herido luego volviéndose hacia fuera de la habitación volviendo al poco tiempo con un tazón generoso de sopa y un calmante.
El rubio bebió la sopa mientras escuchaba las indicaciones que el enfermero le daba a su amigo y viendo como éste buscaba unas pastillas para la fiebre.
-Lo más probable es que en la noche tenga fiebre- le explicaba – Así que llévate estas pastillas y dale solo una cada ocho horas
-Muchas gracias por todo, etto…Hizaki-san…ya nos vamos – dijo tímidamente el pelinegro – lo cargaré hasta su casa y lo dejaré en cama…
-Bien, entonces vuelvan a visitarme dentro de cuatro días, quiero ver como va esa herida. ¿Si?
-Si, muchas gracias por todo…en verdad…
-Ya no agradezcan tanto que no fue tan difícil – les regaló una sonrisa a ambos y los guió a la puerta una vez que Satoshi se guardó las pastillas y cargó a Mikaru en sus brazos.
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-¿He-Hermano? ¿Qué haces?- preguntó luego de separarse mirándolo entre extrañado y desconcertado.
-……Yo…ya no tengo idea Teru…- lo abrazó fuerte para que Teru dejara de mirarlo - ….te amo – le dijo en un tono más bajo
-¿Qué? – preguntó aún más confundido el menor – Pero soy tu hermanito
-…Hay algo que debo explicarte, Teru – contestó con determinación – Por favor…sentémonos. ¿Si?
-Si…- le respondió y se incorporó esperando a que Kamijo hablara. En verdad que estaba sorprendido por todo eso que había sucedido así de repente pero por la expresión que el mayor traía sabía que se trataba de algo serio en verdad.
-¿Nunca te preguntaste porque a pesar de ser hermanos no nos parecemos en nada?
-Bueno…- en verdad que esa pregunta jamás se le había cruzado por la mente, Kamijo tenía razón, no se parecían en lo más mínimo sin embargo seguían siendo hermanos – Pero tu eres mi hermano mayor, yo nací luego de ti – insistió tercamente a pesar de todo
-No, Teru. No naciste después de mí…yo soy hijo único – hasta sentía vergüenza de no haberle dicho antes eso al pequeño, incluso cuando sus padres le prohibieron decirle la verdad.
-¿Qué?...Pero….pero… ¿Qué estas diciendo? – frunció el ceño pensando en que era lo que intentaba decirle Kamijo
-Nunca me dejaron decírtelo pero ahora si te lo voy a decir
-……
-Ehm…tú…mis padres te encontraron abandonado y te hicieron parte de la familia cuando apenas eras un bebé – intentó evitar la mirada que en ese momento Teru le dedicaba, jamás había visto esa expresión en el chico y no le gustaba para nada verlo de esa forma – Por eso…siempre has sido mi hermano menor…pero no compartimos ningún lazo de sangre, jamás lo hemos hecho…y yo nunca pude aceptarte como hermano. De pequeños te aceptaba como a mi amigo pero a medida que fuimos creciendo yo…yo…
-¡Cállate! ¡Mentiroso! – gritó el menor poniéndose de pie - ¡Papá y mamá deben odiarte por andar diciéndome tantas mentiras! – se tocó los labios unos momentos mientras sentía como los ojos se le nublaban – Estás enfermo…
-Estoy diciéndote la verdad. ¡No me trates como a un mentiroso y mucho menos como a un enfermo!
-¡Estas mintiendo!¡Mintiendo! ¿Todo esto es para que no me acerque a nadie, cierto? ¡Pues no lo haré!
-Teru…deja de decir estupideces por favor
-¿Y que es lo siguiente que vas a decirme? ¿Qué mamá y papá aún están vivos y están esperándonos justo a la vuelta de la esquina?
Kamijo también se puso de pie y tomó a Teru por los hombros - ¡Deja de hablar de así! ¡Estás siendo muy cruel conmigo y con mis padres! – lo zarandeó apretándole los hombros mientras le gritaba furioso – Deberías estar agradecido de que te juntaron de la calle y no te dejaron morir como si fueras un perro – lo arrojó al sillón e instantáneamente el menor se agarró las rodillas escondiendo su cara en ellas para protegerse de Kamijo que aún enfadado se fue a encerrar a su habitación dejándolo solo.
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-Con cuidado, no te esfuerces – le indicaba Satoshi mientras lo acomodaba en la cama, ya habían llegado al departamento de Mikaru y por suerte todo estaba en calma.
-Si, ya se – decía algo irritado el otro por los cuidados excesivos que su amigo le daba – Como si fuera la primera vez que me lastimo así
-¡Oye! Valora tu vida aunque sea un poco…
- Si, lo que sea – dijo despreocupado el rubio - ¿Me das un cigarrito?
-Al parecer ya estás mejor – se quejó y sacó su cajetilla de cigarros para dejarle dos, luego, se sentó del lado libre de la cama estirándose un poco.
-¿Puedo pedirte un favor? – preguntó luego de una gran calada
-Dime…
-Quiero que te disfraces solo por un momento…y actúes…
- … ¿Disfrazarme?... ¿Actuar?...Mejor te traigo la televisión si estás aburrido
-No, idiota no es eso…. – contestó irritado – Es que quiero que hagas algo por mi…pero la única forma es esa
- A ver…- dijo volviéndose a mirarle de manera divertida - ¿Me explicas bien de que se trata esto?
- Primero ponte esa camisa blanca y esos pantalones grises que están en la silla – dijo señalándole una silla en donde estaban tendidas ambas prendas – también ponte la corbata
-… ¿Quieres que me vista enfrente de ti?
- ¡Da lo mismo! ¡Hazlo ya!...auch! – se quejó posándose una mano sobre la herida, es que hasta el gritar le afectaba
-No te esfuerces tanto, amor… - bromeó Satoshi tomando la ropa y caminando hacia el baño para vestirse.
-¡Y luego ponte los zapatos negros!... ¡Maldición con esta mierda de herida! – volvió al quejarse ya que al gritar otra vez nuevas punzadas le había llegado
-¿Como me veo? – preguntó luego de salir del baño y volverse a la habitación totalmente disfrazado
- Que corta te queda esa camisa…arremángate
- Ya...ya…no es mi culpa que seas un enano cortito – volvió a bromear recibiendo un almohadonazo
-Bien, ahora toma las llaves del auto y te diré la dirección, quiero que vayas a buscar a Kenji – dijo una vez satisfecho con el disfraz de su amigo.
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