Antes de ir a dormir se decidió a tomar una ducha rápida, luego de la ducha, ya preparado para dormir apagó la luz y se dirigió a su cama cerrando la ventana con seguro. Esa noche se proponía a dormir sin que le molestaran. Se cubrió y se acomodó soltando un suspiro de satisfacción, al cerrar sus ojos sintió como casi al instante se quedaba dormido.
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Condujo hasta su casa disfrutando del aire frío de la noche golpearle en la cara, la ventanilla la había dejado abierta para así arrojar la ceniza del cigarro por ella.
Al llegar, como todo viernes, más bien como todas las noches, las calles estaban repletas de gente. En ese vecindario se vivía de noche…
Bajó de su auto escuchando alguna que otra pelea entre pandillas, risas, conversaciones…solo encontró un poco de silencio al entrar a su departamento. Encendió las luces y caminó a la cocina dejando las llaves encima de la mesa. Dejó el regalo de la madre de Kenji sobre la mesada observando…dudando en abrirlo… hasta que finalmente se decidió a abrirlo y sacar un tenedor para probarlo. Se sorprendió cuando sintió el sabor exquisito del postre, en verdad esa mujer sabía cocinar muy bien.
Sonrió un poco mirando la tela, esta hacía juego con el mantel que estaba en la mesa de la cocina de esa casa donde había estado, y viendo que era de esa casa…al igual que el plato que contenía el postre debería devolverlo luego.
Se encendió otro cigarrillo guardando lo que quedaba en el refrigerador para más tarde terminarlo y se dirigió a su habitación a cambiarse la ropa por otra más cómoda.
Se recostó en la cama y se masajeó un poco la nuca, el cuello le dolía…tal vez estuviera contracturado. Dejó el cigarro en el cenicero y cerró los ojos, casi se quedaba dormido cuando escuchó el timbre sonar.
Se levantó luego de que el timbre sonara constantemente una y otra vez, abrió la puerta algo malhumorado.
-¿Qué pasa? – preguntó en un tono no muy amable antes de ver quien era – Ah…eres tú – dijo haciéndose a un lado para dejar pasar a Satoshi.
-Siempre me ha sorprendido esa amabilidad tuya – dijo este último pasando y cerrando la puerta detrás suyo – hay algo que tengo que decirte… ¿Y que es lo que huele tan dulce?
- Ya habla entonces – buscó su cigarro encendido del que ya casi no quedaba nada apagándolo para encender uno nuevo
-Bueno…verás…hubo un problema – comenzó hablando mientras se sentaba en una silla - ¿Recuerdas esa banda de mafiosos que venían de no se donde?
-…Creo que si…la que su líder era un completo idiota
-Bueno, digamos que esa misma, el líder Yuki
- Si, como sea ¿Qué ha pasado?
-o lo creerás pero hace un par de horas cuando salí a dar una vuelta los vi…y me reconocieron, me persiguieron hasta que me atraparon y su líder me dejó un mensaje para ti
-¿Y cual es ese mensaje? – dijo en tono despreocupado mientras soltaba el humo
-Me dijo “dile a tu amigo Mikaru, si es que aún está vivo que lo buscaré y esta vez no podrá escaparse de mí”
-Oh que amenazador – sonrió de lado sosteniendo el cigarro suavemente con sus dientes – Pues lo espero entonces…o puedo salir a buscarlo, después de todo es un debilucho sin esos matones que lo rodean.
-Ten mucho cuidado, ¿Quieres que hoy me quede contigo por si las dudas?
-Vives en el departamento de al lado…supongo que vas a escuchar si algo sucede – dio otra calada cerrando las cortinas de la ventana que daba al living – Pero pensándolo mejor, me aburro, iré a buscarlos
-Yo voy contigo, no vayas solo sería algo peligroso
-Ay vamos, Satoshi…la última vez éramos cinco y de todas formas nos agarraron y nos dejaron de muerte
-…Pero no es el caso…- dijo por lo bajo recordando ese día, además yo también tengo cuentas que ajustar
-Haz lo quieras, yo ya me voy
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-¡Uyy!! Me irrita tanto cuando se pone así – hablaba para sí mismo Teru mientras bajaba las escaleras, había salido del departamento con intenciones de ir al bar de siempre, ya necesitaba un trago – Jamás entiendo su forma de actuar... – baja de a tres escalones dando uno que otro salto a modo de juego hasta llegar a la puerta de entrada del edificio.
Salió de allí entrando en el mundo de gente que había, las calles pobladas de gente que caminaba de aquí para allá, algunos comiendo en puestos de comida improvisados en la calle; otros peleando, apostando, conversando con otras personas…solía ser un caos…
Se decidió a solo caminar sin salir del vecindario, revisando sus bolsillos se dio cuenta de que no tenía dinero pero tampoco tenía ganas de ir a buscarlo, además a esa hora los subtes ya no funcionaban. Él solía conseguir dinero de una manera pacífica, caminaba todos los días por la estación de subtes recogiendo dinero que la gente en su apuro por llegar a horario a sus trabajos y estudios extraviaba.
Algunos se burlaban de él por hacer eso, pero no era una persona a la que le gustara usar armas. Solo se ponía algo violento cuando se enfadaba.
Se sentó en el cordón de una calle observando la actividad de la gente a su alrededor…perdiéndose a la vez en sus pensamientos.
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-¿Estas seguro de que estaban por aquí? – preguntó Mikaru mirando hacia todos lados, atento a cualquier movimiento.
-Por supuesto que estoy seguro, tal vez se hayan movido ahora pero estaban por esta calle – dijo Satoshi observando a su alrededor también – Oye mira, en ese edificio
-¿Qué? – preguntó Mikaru confundido ya que en esa calle, como en casi todas había al menos siete edificios
-Allá tonto – señaló una puerta de uno de los edificios en el que había dos hombres de pie hablando
-…Es cierto, esos son dos… ¿Pero los otros cuatro? – dijo caminando hacia la puerta con seguridad
-¡E-espera! Yo voy contigo – decía Satoshi mientras lo dejaban atrás, tenía un mal presentimiento acerca de esto
Al acercarse a los hombres, que eran bastante altos estos se le quedaron mirando cruzados de brazos, obstruyéndole el paso hacia el edificio pero a pesar de esto Mikaru no parecía ni una pizca afectado, Satoshi permanecía de pie detrás suyo algo nervioso.
-Buenas noches señores, ¿Podría pasar? – dijo comenzando a caminar pero uno de los hombres lo detuvo tomándolo por el hombro diciéndole que no podía pasar, dos hombres más aparecieron como por arte de magia, uno de ellos tenía un teléfono celular en su mano el cual luego de ver a Mikaru presionó un botón y se llevó el teléfono a su oreja alejándose un poco. El rubio intentó soltar el agarre con poco éxito.
-Atrápenlos, a los dos – dijo al instante el hombre del teléfono y ambos, Mikaru y Satoshi fueron capturados por los dos más altos. Éste último se quejó de dolor ya que la presa era fuerte y con su brazo torcido hacia atrás era imposible respirar sin que doliera.
Subieron solo una escalera siendo guiados hacia un departamento en el primer piso, el hombre del teléfono caminaba delante de ellos.
-No te preocupes, todo saldrá bien solo tenemos que deshacernos del líder y del otro idiota segundo al mando – le dijo en voz baja Mikaru a Satoshi mientras esperaban a que desde el interior del departamento abrieran la puerta.
-Pero no se si esta sea la mejor forma – respondió su compañero en el mismo tono ya bastante nervioso – tendríamos que haber venido con más gente
La puerta se abrió y fueron arrastrados hacia dentro del lugar del cual en primera instancia se quedaron ciegos cuando sus ojos percibieron tanta luz de repente. Se respiraba un aroma suave, floral. El ambiente estaba bastante cálido en comparación al aire frío de afuera y un ligero aroma a tabaco se entremezclaba entre ese dulzón perfume.
-Vaya…no has cambiado nada – escuchó a una voz conocida – Yo creía que estabas muerto…o que el tiempo iba a cambiarte en algo – el líder de esa banda de mafiosos, Yuki, permanecía sentado en un sillón algo lujoso que no contrastaba mucho con las paredes húmedas y con poca pintura. Un hombre caminó con paso lento y armónico hacia un lado del sillón apoyando su mano en el respaldo al llegar, era el que había abierto la puerta. En su mano derecha el líder sostenía un cigarrillo de una muy buena marca, en su mano izquierda una copa de vino tinto que posó en una pequeña mesita a su lado.
-Tú tampoco has cambiado al parecer…Yuki - contestó el rubio intentando soltarse pero lo único que consiguió fue recibir un golpe en su espalda.
- Tranquilo…si vas a venir aquí por tu voluntad debes venir calmadito – dijo poniéndose de pie y caminando unos pasos hacia Mikaru – sino me veré obligado a tomar medidas – sonrió de manera burlona tomándole el rostro con algo de fuerza – Tú vas a decidir si puedo dejarte suelto o no – le dijo con calma acercándose un poco y con su mano libre le levantó un poco la camisa a Mikaru acariciando luego con sus dedos una cicatriz sobre el estómago del rubio – No ha quedado muy bonita la marca que te dejé…¿Aún te duele si te esfuerzas mucho, cierto?- disfrutó de la expresión de Mikaru un poco antes de volver a hablar – Ahora te hago la pregunta, ¿Puedo liberarte sin que nadie en esta habitación corra algún riesgo? Por ahora claro… - guardó un poco de distancia luego de decir esto último
- ….Hazlo si quieres…
Satoshi bajó la mirada al sentirse observado por aquel hombre a un lado del sillón, su nombre era Hora y era el segundo al mando de la banda. Hacía tiempo aquella vez habían peleado hasta rendirse ambos, uno por intentar acosarlo a como dé lugar, el otro por resistirse pero esta vez sería distinto, estaba decidido a volver y matarle, quería matar al hombre que intentó llevarse su honor de esa manera tan sucia...la misma manera en que otro hombre había hecho antes con su madre, de donde él mismo había nacido. Desde que tuvo conciencia se decidió a destruir a esa clase de personas a como dé lugar y éste hombre no sería la excepción.
Yuki hizo más ancha su sonrisa dando la orden de que los liberaran, también de que se retiraran que todo estaría de maravillas y así los hombres obedecieron dejando a los cuatro solos en aquella habitación.
-Hora, llévate al otro y déjanos solos – dijo sin dejar de mirar a Mikaru que tampoco le apartaba la mirada en manera desafiante.
-Ven aquí, Satoshi. Tenemos mucho de que hablar – dijo este mientras se acercaba y estiraba una mano para tomar al pelinegro pero este se la apartó de un manotón.
-Dime por donde ir e iré pero no me pondrás un dedo encima – contestó en tono frío mientras Hora lo observaba con una sonrisa, lo guió hasta una habitación en la que luego de cerrar con llave se la guardó en el bolsillo.
-Te has vuelto fuerte…al menos de palabra – dijo el hombre mirándolo – pero estás temblando, así que aún tienes algo de débil en ti
-Cállate – este algo enfadado buscaba algo a su alrededor que luego pudiera servirle para lastimarlo pero en ese descuido Hora se le había acercado demasiado - ¡Aléjate! – gritó empujándolo contra la puerta haciendo que se golpeara un poco.
Mientras tanto, el líder había invitado una copa a su huésped el cual la rechazó. Se sentó de nuevo en su sillón y volvió a su cigarro analizándolo por completo – Te llegó el mensaje que le dejé a tu amigo, por eso viniste…muy bien, en verdad muy bien… ¿Pero no te parece algo tonto haber hecho eso también? – se notaba una cierta expresión dramática en su tono de hablar que molestaba bastante al rubio.
-No, porque como yo no he cambiado con el tiempo seguramente tú tampoco, si sigues siendo el mismo débil de antes puedo matarte ahora mismo antes de que tú vuelvas a decirme que vas a matarme
Yuki rió suavemente ante las palabras del chico y dio otro sorbo a su copa – Eso ya no volverá a pasar – dijo con calma y volviendo a sonreír – puedo asegurarte que ya no soy el mismo y ya no permitiré que vuelvas a ganarme - un golpe sonó en la puerta de la habitación contigua pero ninguno de los dos perdió la concentración.
-¡No permitiré que esto pase nunca! – gritaba Satoshi mientras el otro lo acorralaba contra la puerta sosteniéndolo con fuerza por los brazos
- La última vez que nos vimos estaba algo débil luego de esa pelea con tu amigo, por eso no pude mostrarte todo lo que puedo hacer – le hablaba este ejerciendo más presión para que no se soltara – pero esta vez…has venido hasta mí tú solito, no voy a perder la oportunidad – se acercó un poco al rostro de Satoshi que intentaba mirar hacia otro lado para evitar que el otro se acercara tanto – en todo el mundo he buscado alguien sea más bello que tú pero no lo he encontrado…creo que voy a secuestrarte y a llevarte conmigo una vez que Yuki se deshaga de tu amigo.
-¡Eso no va a pasar! – le gritó en la cara pero antes de que pudiera evitarlo Hora ya lo había besado, se separó luego de unos segundos ahora sosteniéndole ambas muñecas con solo una mano por encima de su cabeza mientras con la otra le acariciaba la cintura de manera sugerente.
-Si vas a hacer las cosas de manera difícil toma a esto como una violación – le dijo suavemente en el oído antes de guiarlo a la cama y arrojarlo sobre ella.
Mikaru se sobresaltó un poco al escuchar a su amigo en problemas y miró hacia la habitación ya con intenciones de dirigirse hacia ella.
- Si quieres ayudar a tu amigo primero debes matarme –lo detuvo hablando tranquilamente Yuki terminando su cigarrillo
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