-No es normal – respondió apartando la mirada
-Pero si es posible
-…No lo sé
-Podrías saberlo – sonrió triunfante ante la expresión del menor que hizo que lo soltara
- ¿Me llevas a casa? Debo estudiar mucho para mañana y es en serio
-….Bueno…nos vamos entonces – dijo caminando a buscar las llaves y luego saliendo del departamento con Kenji siguiéndolo casi corriendo. Cerró la puerta con llave y se dirigieron al ascensor.
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-Kami, ¿Qué sucede? – le preguntaba a su hermano ya que luego de estar con los ojos cerrados un tiempo y luego abrirlos notó como su hermano no le apartaba la vista, se asustó un poco al verlo tan quieto como petrificado – Kami…- lo volvió a llamar ahora incorporándose un poco.
- Perdona…no estaba escuchando, ¿decías? – reaccionó finalmente sentándose en el borde del sofá
-¿Te sucede algo malo? - preguntó con preocupación al seguir notando extraño a Kamijo
-No...no es nada. No te preocupes por mí…solo pensaba en estupideces. Continúa descansando
-Recuéstate conmigo, necesito un abrazo – una expresión entre triste y tierna aparecía en su rostro al momento de decir eso, a lo que Kamijo respondió haciendo lo que le pedía. Se recostó en el lugar que le hizo y abrazó a Teru que le escondió la cara en el cuello mientras también lo rodeaba con sus brazos por la mitad del cuerpo.
Temió que el menor escuchara los latidos de su corazón, que en ese momento latía con fuerza. Si…estaba enamorado de ese pequeño desde que tenía memoria pero el menor le tenía un cariño de hermanos y eso era obvio…jamás nadie le había dicho que no eran hermanos de sangre.
¿Qué pasaría si en cualquier momento se lo dijera? Y si le hiciera saber ese sentimiento…nada nunca volvería a ser lo mismo de eso estaba seguro.
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- Oh dios…cada vez que me subo a este auto termino con el alma en la boca – se quejaba mientras se cubría los ojos para no ver como Mikaru esquivaba camiones, camionetas, autos a una velocidad bastante alta como si estuviera en un videojuego.
-Eres todo un pequeño aguafiestas – comentaba sonriendo sin perder la concentración en lo que hacía mientras que ahora se detenía en un alto y aprovechaba para encenderse un cigarro.
-¡Tu eres el loco! – le gritó quitándose las manos de los ojos - ¿¡A quien se le ocurre conducir de esa manera por estas calles?! – se sonrojó cuando el mayor soltó una carcajada y le plantó un beso rápido en los labios – N-No es divertido tonto
-¿Tonto? Ese no es mi nombre…dime mi nombre
-….Mikaru
-Muy bien, Kenji – negó con la cabeza cuando éste le hizo burla imitándole hasta el tono de voz y en forma de venganza pisó el acelerador hasta el fondo cuando el alto del semáforo pasó.
El menor optó por aferrarse al asiento con todas sus fuerzas intentando no ver por la ventana para no marearse, todo pasaba volando. Gritó cuando Mikaru dobló en una esquina haciendo que las ruedas contra la calle produjeran un gran ruido llamando la atención de la gente que pasaba por la vereda.
-¿Y-Ya casi llegamos? – preguntó sin querer mirar
-Si, ya casi- se limitó a responder y luego de un par de minutos volvió a doblar deteniéndose de golpe – Ahora si – apagó su cigarro y salió del auto cerrando su puerta con llave. Caminó hacia la puerta del acompañante y la abrió inclinándose para ver al pequeño en una especie de shock aún aferrado al asiento - ¿Te vas a quedar ahí todo el día o vas a bajar?- le preguntó, a lo que el menor reaccionó y se bajó con un pequeño temblor en su cuerpo.
- Te espero arriba- le dijo Mikaru revolviéndole el cabello mientras Kenji sin decir palabra, seguramente aún en shock se dirigía a la puerta de su casa.
Luego de un examen rápido por parte de la madre de Kenji a su hijo, pensando esta que se había enfermado de algo finalmente el pequeño se dirigió a su habitación. Al abrir la puerta encontró al rubio recostado muy cómodamente en la cama. Dejó su mochila y se sentó agotado en la silla de su escritorio.
-¿Vas a estudiar ahora? – le preguntó Mikaru mientras sus manos jugaban con la tela de las cortinas.
-….Si, eso creo – respondió algo desanimado buscando los libros para comenzar a estudiar
-Niño estudioso…- comentó dándose la vuelta para mirar la pared – yo dormiré una siesta, me llamas cuando sea la hora de cenar
-…Si- tomó sus libros y los abrió en el capítulo correcto para comenzar a leer. En un principio, podía leer con completa concentración y aprenderse las páginas como si hubiera nacido con ellas incrustadas en el cerebro pero luego la situación comenzó a cambiar y ya le era imposible concentrarse. No era porque Mikaru molestara, es más, este en verdad se había quedado dormido y podía escuchar la respiración tranquila a un ritmo constante. Volteó apenas para verlo, como si por ser así el mayor fuera a despertarse o algo…peleó consigo mismo para continuar estudiando, leyendo líneas pero sin ni siquiera entender el sentido de estas, solo repasándolas con los ojos.
Dejó el libro en paz y volvió a voltear por completo, girando la silla hacia donde estaba la cama y observó la espalda subir y bajar.
Pronto ya no pudo más y se levantó para caminar lentamente hacia la cama, temía que ante el menor ruido Mikaru se despertara y lo descubriera. Una vez que llegó a la cama se inclinó apenas para verlo dormir, la expresión del mayor dormir era totalmente diferente y hasta se le hacía tierna.
Apoyó una rodilla en el colchón sin hacer mucho peso para verle mejor pero su propio peso y la tela resbaladiza del cobertor lo traicionaron haciéndolo caer en todo su peso encima de Mikaru.
Esperó sin moverse la reacción del mayor que solo se removió un poco sin despertarse y suspiró aliviado levantándose con cuidado volviendo a su escritorio y a su libro para esta vez estudiar con un poco más de calma.
Había logrado estudiar casi todo, o al menos pensaba que con eso lograría aprobar su examen cuando su madre lo llamó para cenar. Salió de la habitación sin despertar a Mikaru y ya abajo lo esperaba un gran plato de comida caliente y recién hecha.
Su madre traía en un canasto la ropa limpia y seca, doblándola sobre la parte libre de la mesa mientras Kenji se deleitaba con su plato. Vió salir a su madre hacia la sala mientras él bebía un poco de agua para pasar un gran bocado que como un bruto se había querido tragar.
Pensó en si más tarde podría llevarle algún bocado que sobrara a Mikaru, no lo había visto comer salvo una sola vez pero eso no quería decir que no comiera… ¿Qué le gustaría de comer?
-Hijo, te llevaré tu ropa limpia a tu habitación ya que debo ir arriba a dejar las toallas limpias en el baño – escuchó decir a su madre mientras subía la escalera y tosió alarmado ahogándose con un poco de agua que aún bebía.
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