-¿Me traerías una toalla aunque sea? Estoy de veras empapado – dijo mirándose extendiendo un poco los brazos.
Kenji fue al baño que tenía su habitación y buscó una toalla limpia para entregársela, luego observó aun incrédulo al hombre que acababa de conocer ese día y ahora estaba en su habitación.
Suspiró antes de hablar - ¿No quieres tomar una ducha caliente? Ya que estás aquí…y puedo prestarte algo de ropa que me queda demasiado grande a mí hasta que la tuya se seque…- bajó la mirada ante los ojos del mayor que lo miraban – s-solo digo…ya que estás aquí…
-….Una ducha no me vendría mal – pensó en voz alta - ¿El baño está por allí, cierto? – le preguntó luego señalando el lugar desde donde antes había sacado la toalla.
-Ven – solo respondió guiándolo hasta donde estaba el cuarto de baño, encendió la luz y luego el grifo del agua caliente de la ducha – Aquí están las toallas…ahí el shampoo, jabón y demases…- explicaba siempre evitando esa mirada, en cierta forma lo hacía sentirse nervioso…y un tanto extraño – Y…y…creo que eso es todo – dijo saliendo rápidamente del pequeño lugar.
-Muchas gracias… - alcanzó a decir antes de que Kenji abandonara el baño y se dispuso a cerrar la puerta y comenzar a quitarse la ropa mojada.
Mientras tanto Kenji ingeniaba un plan para poder traer algo de comida caliente al cuarto, podría poner una excusa como “no tener tiempo ni para cenar, mañana hay examen, cenaré en mi cuarto” o “Hoy cenaré en el cuarto porque me siento algo enfermo, ya sabes…la lluvia”. Pero no encontraba una excusa que fuera demasiado buena, continuó pensando tomando su cabeza con sus manos, dándose golpecitos de a momentos cuando una idea no le resultaba demasiada buena y la descartaba. Finalmente optó por buscar comida en medio de la noche cuando todos estuvieran durmiendo, era lo menos arriesgado y lo más efectivo. Iría a la cocina…prepararía algo caliente rápidamente para huir de nuevo a la habitación. -¿Y porque yo debo hacer esa clase de cosas…?- se preguntaba en voz alta a sí mismo cuando una mano tocó su hombro haciendo que se sobresaltara.
Volteó para encontrarse frente a Mikaru en toalla, ésta estaba anudada a su cintura. – Oye, pequeño…no me has dado la ropa seca – dijo aún posando su mano en el hombro de Kenji.
-¡Que no me llames así! – dijo enfadado apartándole la mano de su hombro y se dirigió al closet para buscar la ropa – que eres apenas un poco más alto que yo – se quejaba mientras revolvía en un cajón.
-Lo se pero aún así eres un pequeño – comentó levantando una ceja ahora husmeando lo que Kenji traía en manos – Muchas gracias – agradeció cuando le entregó la ropa y se volvió al baño para poder vestirse.
Luego de que el mayor cerrara la puerta, Kenji se cubrió su rostro – Por Dios…lo he visto…desnudo…- murmuraba para sí mismo – no…no estaba desnudo…estaba en toalla…- sintió como sus mejillas se ponían calientes – ¡pero es casi lo mismo! … - apretó sus párpados cerrados un par de segundos sin dejar de cubrir su cara – Y…y que…cuerpo…- de pronto su tono de voz se había vuelto extraño – ¡Kenji, pero en que cosas raras piensas! ¡Es hombre! – se regañó a si mismo.
- ¿Y que tiene eso de extraño? – le preguntó una voz que lo dejó totalmente paralizado. Estando tan sumergido en sus pensamientos no había escuchado a Mikaru abrir la puerta del baño y acercarse.
Lentamente fue descubriendo su cara, tragó saliva y abrió los ojos viendo como lo miraba con una sonrisa de lado.
-Es de muy mala educación no contestar a una pregunta, pequeño…- caminó dos pasos que lo distanciaban de Kenji y este retrocedió. De pronto la habitación era más pequeña ya que al hacer un par de pasos más hacia atrás para evitar que Mikaru se le acercara de esa manera, chocó contra el armario – Y dime… ¿Dónde puedo dejar la ropa a secar…? – continuó hablando el mayor mientras lo acorralaba contra el mueble.
-¿No puedes preguntarlo de una forma normal? – miró hacia un lado evitando avergonzarse más, si es que eso se podía.
- ¿Forma normal? – repitió esas últimas palabras haciéndose el desentendido
- Si, forma normal – en su tono de voz ya se notaba el enfado propio de Kenji, apoyó sus manos en el pecho del otro para empujarlo pero de pronto se quedó viéndole de pies a cabeza, es que no había caído en la cuenta de lo bien que le quedaban esa camiseta y esos pantalones que a él mismo le quedaban enormes, parecían simplemente haber sido hechos basados en las medidas del cuerpo de Mikaru.
-¿Qué sucede?
-Nada – terminó de apartarlo para dirigirse al cuarto de baño para buscar la ropa mojada y extenderla a lo largo del barral de la cortina de la ducha, abrió la ventana para que corriera aire constante y así pudieran secarse mucho más rápido las prendas.
-Pusiste el pantalón y la camisa pero te ha faltado colgar la ropa interior también…- comentó desde la puerta del baño haciendo que Kenji se pusiera aún más nervioso de lo que estaba – Mi ropa interior no muerde…y está limpia…- continuó en un tono divertido a punto de reírse al ver como Kenji tomaba la ropa interior por los bordes y la colgaba junto a las otras prendas – Por cierto…no llevo ropa interior puesta en este momento – hizo silencio bajo la miraba asesina que el menor le regaló y solo lo siguió mientras salía del baño aguantando una carcajada.
La voz de la madre de Kenji se escuchó llamándole a cenar, Kenji se detuvo en seco anunciándole que en un momento volvía y se retiró de la habitación rápidamente dejándolo solo.
Por su parte, Mikaru, luego de que la puerta se cerrara, se dispuso a inspeccionar con curiosidad todo lo que había en la habitación. Era cierto que no iba a hurtar nada pero debía hacer algo para no aburrirse hasta que el menor volviera para continuar molestándole…había descubierto que en verdad le gustaba hacerle enfadar, se le hacía bastante tierno el pequeño mostrando esa faceta y luchando para contradecirlo.
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