Entredormido escuchaba ruidos, sus ojos permanecían cerrados y su cabeza dolía mucho. Escuchó y sintió bajo su peso como el auto se detenía, la puerta del conductor se abrió y luego se cerró de un golpe quedando todo en silencio.
Un par de voces se escucharon afuera, el sonido era claro aunque no era posible distinguir bien las palabras. Pronto la puerta que estaba a su lado se abrió y sintió como alguien lo sacaba del auto cargándolo en sus brazos.
-¡Oye! ¿Qué se supone que haces? – preguntó una voz algo alterada – sabes muy bien que aquí no tenemos rehenes
-Cállate Teru, no es un rehén…solo es que…no supe que hacer con él – así que esa era la voz de ese ladrón que ahora lo cargaba en brazos… ¿Y si ahora abría los ojos que podría suceder? Por su propio bien decidió no hacerlo.
Ingresaron a un edificio aún hablando, lo pudo saber a causa de la cantidad de escalones que subieron. Contando los pisos llegó a cinco, en este quinto piso es en donde se detuvieron y caminaron hacia el interior de un departamento.
-Ya puedes irte – dijo poco cortés la voz más grave. Pasos se escucharon luego de cerrarse una puerta cada vez más lejos.
Pronto Kenji sintió como la persona que lo cargaba se movía de nuevo, caminando para luego recostarlo sobre una superficie blanda y suave. Sintió un peso a su lado y en ese momento decidió abrir los ojos que le dolieron un poco al captar tanta luz de repente. Los cerró y se frotó antes de volver a abrirlos viendo a ese hombre, el ladrón sentado al borde de una cama con mantas color crema en la que, por supuesto, él también estaba.
El hombre tenía la mirada clavada en él, le observaba a la vez que Kenji también lo observaba en silencio.
-No me dejaste otra opción, lo siento- habló de pronto rompiendo el silencio – jamás nadie había hecho algo como eso, en verdad estoy sorprendido de lo valiente…o de lo tonto que eres – sonrió de medio lado al terminar la frase. La expresión de Kenji varió entre el desconcierto, la duda y un enfado muy notable.
-¿Creías que iba a dejar que te quedaras con algo mío? Ni lo sueñes – buscó en sus bolsillos pero no encontró sus tan preciados ahorros -¿Dónde están?- preguntó sobresaltado - ¡Devuélvelos ahora mismo! – intentó incorporarse pero su cabeza dolió obligándole a recostarse de nuevo con un gesto de dolor.
-Calma pequeño – ensanchó más su sonrisa de lado – vas a hacerte más daño así – tomó una cajetilla de cigarrillos que había sobre su mesa de noche y encendió uno expulsando tranquilamente el humo – además ha quedado en el auto, yo no la tengo – casi estalló en carcajadas al ver la expresión de Kenji otra vez transformándose.
-¡Pues tráela ahora mismo! Así me iré de aquí, debo ir a la escuela
-No soy tu sirviente para que me trates de esa manera…bonito reloj – y con todo el descaro tomó a Kenji por la mano acercándole la muñeca para apreciar mejor el reloj.
-¡No me toques! – gritó nervioso el menor apartando la mano y mirando su reloj en el que marcaba casi el mediodía – Ay no…- pensó en voz alta
- No me has dicho tu nombre- dijo el hombre haciendo oídos sordos a las palabras de Kenji
-No voy a decírtelo
- ¿Por qué no?
- Porque eres un extraño…y porque eres peligroso
- ¿Peligroso? Ni que hubiera asesinado a alguien o algo así – dio una calada a su cigarrillo – pequeño…yo solo robo lo que necesito, no asesino gente – dijo como si fuera lo más normal del mundo
- ¡Ah, muy tranquilizador lo tuyo! ¡Y ya no me llames así!
- Me dicen Mikaru, ¿Cómo te llamas?
- ……..
- Dímelo, pequeño
- …Kenji
- ¿Qué edad tienes Kenji?
-Dieciséis
-¿Dieciséis? Eres cuatro años más pequeño que yo
- ¿Felicitaciones para mi? …con tu permiso me iré
-……no, desgracia para ti
-¿Qué?! ¿Por qué??
-Porque esta es mi casa y aquí yo mando…por lo tanto no te vas de aquí hasta que yo te diga- volvió a tomarle por la mano y con un hábil movimiento le quitó el reloj – Me quedaré con esto si no te importa
-¡Oye! –gritó enfadado intentando quitarle el objeto robado pero algo lo detuvo, su mochila estaba apoyada contra el marco de la puerta, Mikaru también miró la mochila al ver hacia donde se dirigía la mirada de Kenji
-Aún no la he revisado…
-¡Y no tienes porque hacerlo!
-Mhh...¿Acaso eres de los que llevan “ese tipo” de revistas a la escuela?- dijo con una sonrisa haciendo sonrojar al más pequeño
-¡Claro que no! ¡Yo no miro de eso! Eso es de pervertidos…- contestó avergonzado – Seguro tú si debes mirar
Mikaru comenzó a reír dejando su cigarrillo posado en un cenicero que había sobre la mesita de noche – Eres gracioso….muy gracioso
-No lo soy – miró hacia la ventana que daba a un balcón contemplando la lluvia que comenzaba a caer de nuevo, afuera pudo ver casas y edificios en condiciones pésimas, como era de suponer estaba en la zona donde todos los maleantes se refugiaban, un lugar en donde ni siquiera la policía podía entrar.
-Y tierno también – se le acercó un poco bajando su mirada al cuello del pequeño
-T-tampoco soy eso – dijo sonrojado alejándose a medida que Mikaru se acercaba hasta que este último le empujó tumbándolo sobre la cama de nuevo - ¿Q-que haces?? – preguntó sobresaltado viendo como no dejaba de acercarse a su cuello
-Ah…ya verás…- dijo con cierto tono melódico y de pronto tomó el colgante con la cadena que Kenji llevaba en su cuello, lo había quitado de un tirón tan limpio y seco que apenas lo notó
-¡No! ¡Eso si que no! – tomó por un extremo la cadena antes de que Mikaru la guardara en su bolsillo
-¿Por qué no? – quiso saber - ¿Te lo ha regalado tu mami?
-S-si…- admitió bajando la mirada avergonzado por la sonrisa que le mostraba el otro – Y por eso es muy valioso
-Pero es de plata pura… - tiró suavemente de la cadena sugiriéndole que la soltara
-Por favor…- le rogó con pocas esperanzas mirándole, se sorprendió cuando Mikaru soltó la cadena y volvió a su cigarrillo – gracias – le agradeció volviendo a colocarse la cadena preguntándose como demonios la había quitado sin romperla
-No me agradezcas – dio una calada a su cigarro dándole la espalda – no pienses que es la primera vez que alguien logra ablandarme un poquito el corazón – dicho esto se dirigió a la mochila para inspeccionarla
Kenji suspiró volviendo a sentarse en la cama viendo como libros y más libros salían de su mochila, por último su almuerzo – Y si quieres comertelo también cómelo – se cruzó de brazos resignado viendo como Mikaru abría su vianda que contenía el almuerzo, en ese momento escuchó a su propio estómago rugir y se apoyó las manos sobre él.
El mayor volteó a mirarle y caminó un par de pasos para sentarse en borde de la cama.
-…..- apagó su cigarrillo presionándolo contra el cenicero pasándole en silencio la comida a Kenji luego caminó hacia la ventana abriéndola para salir al balcón. El pequeño dio un mordisco a un sándwich mirando la nada en un principio, luego volteando para mirar hacia atrás, viendo como Mikaru recargado contra la baranda del balcón contemplaba en silencio la lluvia.
0 comentarios:
Publicar un comentario