-Ven , acompáñame- dijo de pronto rompiendo el silencio y comenzó a caminar hacia la puerta del departamento, Kenji decidió seguirlo viendo más detalladamente el lugar en el que estaba. Ese departamento no se veía del todo mal, un poco de humedad en las paredes y falta de pintura pero lo tomó como lo más obvio. Al abrir la puerta y salir al pasillo caminaron en silencio, el pasillo era lo suficientemente oscuro como para que Kenji no pudiera ver bien sus pies. Se escuchaban murmullos provenientes de todos los departamentos, al pasar por uno en especial unos gritos lo sobresaltaron, era una pareja que discutía sobre algo que no pudo entender bien.
Bajaron un piso y continuaron caminando por un pasillo un poco más iluminado, una luz a principios de este parpadeaba de vez en cuando. Una mujer joven estaba recargada contra la puerta del segundo departamento. Al verla, Kenji se sorprendió un poco por la manera tan provocadora en la que iba vestida pero más aún por los ruidos que podían escucharse desde el interior de ese departamento.
- Hola Mikaru… ¿No quieres diversión hoy? – le preguntó mientras el par de jóvenes pasaban de largo por esa puerta, Mikaru no respondió haciendo oídos sordos al saludo y a la pregunta.
Kenji miró al mayor por el rabillo del ojo caminando hasta que llegaron al final de ese pasillo y se detuvieron frente a la puerta que allí había.
Tocó la puerta dos veces y esperó a que alguien abriera, - No digas nada, tú solo quédate en silencio y no le hables a nadie de esto ¿Si? – le dijo a Kenji antes de que la puerta se abriera e ingresaran dentro del oscuro departamento.
Solo tres luces estaban encendidas dando un ambiente bastante más tétrico del que ya parecía. Kenji sintió escalosfríos cuando una voz saludó. Buscó al dueño de casa entre esas tinieblas encontrándose con un hombre de cabello oscuro, muy alto y completamente vestido de negro.
-Él es un amigo- aclaró Mikaru al ver como ese hombre miraba con desconfianza a Kenji
-¿Qué se te ofrece? – preguntó caminando hacia el interior del departamento seguido por ambos.
-Pues…verás, Klaha…he tenido un pequeño problema hoy y ahora tengo un auto varado en la puerta del edificio – explicaba mientras ingresaban en una pequeña cocina
-¿Y quieres una licencia de conducir para ese número de placa, cierto? – preguntaba el dueño de casa mientras les daba la espalda ponía agua a calentar
-Exacto…
-De acuerdo, pero esto te saldrá algo caro- dijo ahora dándose media vuelta y apoyándose en la mesa con sus manos, levantó una ceja esperando la contestación de Mikaru que, casi al instante sacó de su bolsillo un anillo de oro con una pequeña piedra roja.
Klaha lo tomó y lo observó minuciosamente - ¿Es un rubí legítimo? – preguntó ahora saliendo de la cocina hacia la habitación contigua.
-Si lo es, ¿Será suficiente eso para cubrir el precio? – preguntó curioso siguiendo al hombre, Kenji también lo siguió viendo luego como el moreno estaba inclinado sobre una mesa en la que había encendida una lámpara de luz muy potente. Dejó el anillo sobre la mesa y volteó a verle – Si, con esto será suficiente- dijo en cierto tono de satisfacción – mañana en la noche vuelve
-De acuerdo, gracias – contestó Mikaru haciéndole una seña a Kenji para que lo siguiera
-Cierra bien la puerta – dijo desde el cuarto el hombre y Mikaru hizo un sonido de aprobación.
Ninguno de los dos dijo una palabra hasta que llegaron al departamento, luego de cerrar la puerta Mikaru se dirigió a la habitación nuevamente de la que salió en un abrir y cerrar de ojos quedándose de pie frente a Kenji - ¿Vas a quedarte todo el día ahí? – le preguntó viendo como Kenji miraba la hora nuevamente.
-Hoy se supone que llego a casa a las cuatro- le dijo más sumergido en sus pensamientos que en la pregunta de Mikaru – Y si estoy aquí, estoy lejos de casa. ¿Puedo irme ya?
-No puedes andar solo por aquí, nadie te conoce y sería muy peligroso dejarte solo allá afuera – respondió el mayor recargándose de lado contra la pared – pero si quieres yo te llevo- abrió un cajón de un mueble que había cerca y le mostró unas llaves de automóvil.
Kenji abrió los ojos acercándose un poco, miró las llaves y a Mikaru alternadamente.
-¿No quieres? Es un buen auto…- sonrió de lado guardándose las llaves en el bolsillo- solo tienes que decirme tu dirección – caminó hacia el baño y se miró al espejo antes de comenzar a cepillarse los dientes.
-Con que me dejes en la escuela estará bien- dijo desde la sala y luego de unos pocos segundos Mikaru se asomó por la puerta del baño para mirarle.
-No voy a saquear tu casa, puedes darme la dirección con tranquilidad – cerró la puerta del baño luego de salir de él y se dirigió de nuevo al pequeño - ¿Acaso no confías en mi? Yo confié en ti y en tu palabra de que no ibas a decir nada de aquello del piso de abajo
Kenji bajó su mirada sin saber que decir, hizo silencio hasta que Mikaru volvió a hablar – Dímela- insistió – además llueve a cántaros, podrías enfermarte
- ¿Por qué te preocupas así por mi si ni siquiera me conoces?
-Porque tu hoy has visto demasiado y porque debo asegurarme de que no dirás nada de lo que viste
-No diré nada…
-Pero aún no confías en mí
- No veo el porque de confiar en ti si luego de hoy no volveré a verte
- Eso es lo que tú crees
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