Night Creature - Capítulo 2

Ya afuera, aquel que era su nuevo dueño se quitó la parte superior del traje para cubrir a Klaha que observó la camisa que aparentaba ser de una tela de muy buena calidad. Sintió una mano en su hombro posarse y se sobresaltó, aquel hombre no le dirigía palabra alguna solo lo guiaba, subían escaleras y recorrían pasillos hasta detenerse frente a una puerta de madera oscura.

Klaha vio como éste tomaba unas llaves y abría la puerta, empujándolo suavemente para alentarlo a que entrara. Escuchó el leve crujido de la puerta al cerrarse detrás suyo, un ligero tintineo de llaves y luego sintió como lo apresaban por la cintura, sus pies estaban en el aire mientras comenzaba a avanzar. Esa era una habitación.

A simple vista se veía limpia y ordenada. Asustado vio como aquel vampiro lo guiaba a la cama luego sentándolo en ella.

Retrocedió hasta golpearse algo fuerte contra el cabezal de la cama cuando el del pelo rojo estiró su mano hacia él.

-No tengas miedo – comenzó a hablar éste – No pretendo lastimarte – se acercó un poco recorriendo con la mirada las blancas y desnudas piernas de Klaha deteniéndose en el tobillo herido.

Por su parte Klaha temblaba sin apartar la mirada de aquel ser, se cubrió mejor con el abrigo de éste y flexionó las piernas cuando lo vió inclinarse sobre ellas. En verdad estaba asustado, no lograba comprender por completo la situación. Desde que lo habían capturado sentía un terror que casi lo cegaba y ahora más estando a solas con un vampiro que no sabía que podría hacerle.

-¿Cómo te llamas? – le preguntó a Klaha con mirada algo curiosa, Klaha no contestó limitándose a ver como aquel hombre le tomaba por la parte sana del tobillo y lo levantaba un poco luego depositando un beso sobre la zona hinchada - ¿Te duele mucho?- el tono de preocupación era notable.

Klaha retiró la pierna flexionándola nuevamente para alejarla lo más posible, se movió hacia atrás lo que más podía mientras veía al vampiro acercársele.

-Yo soy Közi, a partir de hoy seré tu amo – acarició los cabellos de Klaha suavemente viendo como el chico cerraba los ojos fuerte pensando que iba a ser atacado – Ya…tranquilo…- continuó acariciando con la misma suavidad pronunciando palabras cariñosas - ¿Tienes hambre? – le preguntó levantándose de la cama unos instantes para buscar en un pequeño refrigerador algo escondido a un lado de lo que parecía ser una biblioteca un poco de fruta – Come esto – le dijo mientras caminaba hacia la cama nuevamente. Le entregó una manzana y un durazno limpios y frescos.

Klaha dudó en tomar las frutas pero su estómago le decía lo contrario. Dio un mordisco grande al durazno comenzando a comerlo, luego hizo lo mismo con la manzana devorando todo a los pocos minutos.

-Al parecer si tenías hambre – sonrió entregándole una servilleta con la que Klaha se limpió las manos – Ahora dime como te llamas aunque sea

-Me llamo Klaha – contestó tímidamente mirando la servilleta sucia.

- Es un lindo nombre

-Gracias…- retorció la servilleta unos momentos –…Quiero irme a casa – dijo tristemente

-Eso no va a ser posible, Klaha – el pelirrojo se acomodó sobre la cama cerca del chico – Te he comprado para que me sirvas, no puedo dejarte ir

-P-Pero…yo…yo…no soy sirviente de nadie…- objetó con algo de miedo a hacerlo enfadar.

-Ahora si lo eres… - se acercó un poco más al ver como los ojos de Klaha se llenaban de lágrimas – No llores…voy a tratarte bien, ya te he dicho que no pretendo lastimarte – acercó su mano al rostro de Klaha quitándole unas lágrimas – Me siento un poco solo, eso es todo…-comenzó a hablarle dulcemente – Por eso te he comprado, para que me sirvas de compañía – sonrió levemente acariciándole la mejilla.

Mientras tanto, en otra habitación unos pisos más arriba un chico recién llegado se resistía tercamente a colaborar con su nuevo amo mientras éste insistía en que se vistiera con un conjunto que él mismo había elegido.

-No voy a usar eso…prefiero quedarme desnudo… ¡Déjame! – empujó con todas sus fuerzas logrando apartar un poco al rubio que intentaba ponerle una camiseta.

-Debes vestirte, no puedes andar desnudo por la vida…va a quedarte bien, tienes muchos piercings y tatuajes así que ésta ropa te dará una mejor apariencia.

-Te dije que no me gusta, es de maricas – observó la camiseta que su nuevo amo extendía frente a él. Ésta era negra con un diseño de calaveras en medio, algunas inscripciones en inglés.

-A ver… ¿Y que es lo que gusta a ti entonces?

- Esas calaveras son demasiado redondas… ¡Es ropa de mujer! ¡Idiota!

El rubio echó a reír unos momentos – Al menos ponte la ropa interior si vas a ponerte tan en terco – le lanzó dicha prenda y el chico se la puso rápidamente a medida que el vampiro se había acercado lo suficiente como para sorprenderlo y de una vez colocarle la camiseta bajo protestas – Mira lo linda que te queda – tomó al chico por un brazo arrastrándolo hasta un espejo para que se viera.

Debía admitir que no le quedaba tan mal como había supuesto, miró alrededor buscando los pantalones que él mismo sin preguntar se colocó volviendo luego al espejo para verse.

-¿Te gusta?- le preguntó sonriendo.

- No, pero es lo que hay… ¿Cierto?- mintió. Era demasiado orgulloso como para darle la razón al otro. Caminó hasta la cama y se arrojó sobre ella sin permiso.

-¿Cómo te llamas? – comenzó a interrogarle mientras se acercaba a donde estaba el chico - ¿Y que edad tienes?

-Tengo 16 años. Me llamo Ikari Mitsuo…pero dime Hitsugi o te odiaré más de lo que lo hago- respondió con insolencia volviendo a hacer reír al rubio.

-Yo soy tu nuevo amo, todos me llaman Byou – se sentó en la cama a un lado del chico que permanecía recostado – Y no me contestes de esa manera porque no dudaré en practicar mis métodos de tortura contigo – dijo serio aunque en verdad bromeaba, a pesar de que en verdad si estaba encargado de un grupo de extorsión dedicado a hacer confesar a cazadores de vampiros donde se ocultaban los diferentes grupos que estos conformaban no era capaz de hacerle daño a un chico como ese.

El corazón del chico dio un pequeño tumbo, tragó saliva y lo miró intentando verse desafiante. Byou lo miró con la misma expresión seria de antes intentando no echarse a reír nuevamente por lo tierno que se veía aquel pequeño.

-… Haz lo que quieras – finalmente dijo volviendo su mirada al techo – Después de todo voy a morir aquí, ¿No?

-Eso no te pasará siempre y cuando no intentes escapar – apoyó su codo en el colchón mirándolo – Y sería una pena ya que me has costado bastante dinero – se llevó un dedo a los labios con expresión de concentración – Me gusta mucho tu apariencia – se acercó un poco - ¿Pero tu sabor será igual de interesante? – hablaba mientras continuaba acercándose al rostro del chico. Éste frunció el ceño y golpeó un almohadón que tenía cerca contra la cara del rubio.

-¿Qué intentas?- preguntó molesto alejándose un poco.

Por otro lado, un tercer chico no había resultado muy afortunado. Temblaba intentando defenderse de su reciente amo que jugaba con él tal como si fuera un gato con su presa. Aquél hombre, muchísimo más alto y fuerte que él le había inspirado miedo desde el primer momento en que lo había visto. Por alguna extraña razón que no quiso saber ese vampiro tenía un parche en el ojo.

-Ven…ven aquí – lo jaló hacia él y el chico gritó negándose – Al menos tú tienes que servirme para algo…o tal vez seas como todos los demás… ¡Deja de moverte! – le ordenó furioso sacudiéndolo. Le mordió el cuello bebiendo de él unos cuantos tragos de sangre antes de volver a soltarlo.

El pequeño cayó al suelo rodando, aturdido gateó hasta la puerta de la habitación intentando incorporarse para abrirla. Aquel vampiro solo reía a carcajadas observándolo, se relamió los labios en los que aún quedaban pequeños restos de la sangre del chico.

-¡A-Ayudaaa! – gritó el menor golpeando la puerta con sus puños ya que los intentos por abrirla eran en vano, su amo la había cerrado con llave sin que él se percatara.

-Deja de llorar como si fueras una niña. Y tus gritos me irritan, ya no grites – dijo enfadado levantándose para ir en busca de él. Lo tomó por una muñeca tan fuerte que le dolía y palpitaba.

-¡¡Noo!! ¡Por favor se lo pido señor! – suplicaba mientras su amo volvía a acercarse a su cuello, gritó aún más cuando éste le hizo dos heridas justo a un lado de las anteriores.

-¡Te dije que no gritaras! – dijo furioso separándose, le dio una bofetada lo suficientemente fuerte como para golpearlo contra la puerta- ¿Como te llamas mocoso?- le preguntó luego tomándolo del cabello.

-¡Me llamo Ryo! – respondió el pequeño chico con lágrimas en sus ojos, hizo una mueca de dolor cuando el vampiro cerró más su puño en torno a su cabello.

-Bien Ryo…- comenzó a hablar con una sonrisa malvada en su rostro – Ahora vamos a divertirnos un poco – le mordió el labio inferior haciéndoselo sangrar, el menor se cubrió la boca con su mano quejándose mientras el vampiro ahora lo arrastraba tomándolo por un brazo hacia la cama. Al llegar lo arrojó sobre ella sin delicadeza, Ryo se incorporó intentando alejarse moviéndose rápidamente hacia atrás pero fue capturado por sus muñecas. Aquel hombre del parche le asestó otro golpe, hubiera caído sobre la cama de no ser porque lo sostenía con las muñecas por sobre su cabeza. Cerró sus ojos temblando y dolorido - ¿De donde vienes?- le preguntó el del parche haciéndole más presión sobre las muñecas.

- Y-Yokohama – se limitó a responder con dificultad

-Un poco lejos de aquí… ¿Y que hay de tu padres? – continuó interrogándole sin soltarlo.

-Murieron – suspiró entrecortadamente y agachó la cabeza.

-Entonces estás solo en el mundo – dijo sin delicadeza, levantó el rostro del chico y le lamió el labio que sangraba – No más preguntas por ahora – lo arrojó sobre la cama atrapándolo por el medio del cuerpo con sus piernas –No te muevas – sacó una cuchilla con una forma muy extraña que llevaba al cinturón de su pantalón. Se deleitó con la expresión de Ryo que observó asustado aquel instrumento. Tomó un brazo del chico y deslizó la hoja por medio del antebrazo, el pequeño gritó de dolor recibiendo luego un golpe con el mango de la cuchilla. Otros cortes más le siguieron a ese, sintió repulsión cuando lo vio lamer las heridas disfrutando de la sangre. Quiso apartar su brazo para que dejara de hacer eso pero recibió otro golpe directo en su mejilla. Se cubrió su cara mientras sentía como su amo le separaba las piernas y se acomodaba entre ellas. Gritó nuevamente al sentir un dolor aún más fuerte sobre su pierna, cuando dirigió su vista hacia el lugar éste tenía un gran corte que sangraba ensuciando las mantas.

Observó el momento en que el vampiro guardaba la cuchilla y le levantaba una pierna. Intentó bajarla pero éste no le dejaba. Se sacudió con violencia intentando escapar solo logrando que lo sometieran peor que antes. Ahora se encontraba con la cabeza apoyada sobre el colchón, sus caderas levantadas y sus piernas levemente separadas. Sintió una leve presión sobre su entrada y se sobresaltó, sabía lo que pasaría.

Lloró de dolor cuando el más alto entró sin ninguna delicadeza, embistiéndolo fuertemente a un ritmo constante. Se aferró a las mantas arrancándolas de su sitio, incluso sus uñas le dolían al enterrarlas con tanta fuerza en la tela. Le pidió inútilmente que se detuviera, sintió un hilo de un líquido cálido correr por su pierna. El vampiro salió de él volteándolo rápidamente, Ryo alcanzó a visualizar unos instantes varios hilos de sangre que habían dejado su camino marcado por la parte interior de sus muslos, el amo se posicionó entre sus piernas volviendo a penetrarlo de la misma forma violenta que antes. El pequeño pelinegro cerró sus ojos apretando los párpados, se aferró fuerte a las mantas otra vez para soportar el dolor pero lo que no se esperaba era que su amo llevara ambas manos a su cuello envolviéndolo para hacerle una presión asfixiante. Abrió sus ojos mientras intentaba tomar aire por la boca, posó sus pequeñas manos sobre las manos del vampiro que no dejaba de embestirlo ni de asfixiarlo de esa manera tan cruel. Finalmente una vez que llegó al clímax éste lo soltó recostándose a su lado. Ryo tosió con fuerza respirando profundo, su cabeza latía como si fuera un gran corazón, se posó la mano en el cuello acariciándoselo. Se recostó para descansar un poco ya que se sentía agotado por los maltratos pero su amo lo interrumpió levantándolo.

-No pienses que vas a meterte a dormir en mi cama así de sucio – le dijo arrastrándolo por la cama hasta llegar al borde – Vas a tomar un baño y luego dormirás – lo hizo ponerse de pie, lo llevó al cuarto de baño aún tomándolo por el brazo. Al encenderse la luz del baño, Ryo casi se desmaya por la visión que tuvo.

Un chico tan joven como él se hallaba en la tina, éste permanecía sentado, sus ojos habían sido vendados y su boca amordazada. Ambas muñecas estaban suspendidas por encima de su cabeza atadas con una cuerda gruesa.

-Había olvidado que había dejado a éste aquí – dijo el vampiro como si eso fuera lo más natural del mundo, caminó hacia aquel chico y le presionó el cuello con dos dedos – Oh…pero si ya ha muerto… ¡Que débil! Solo fueron unas pocas mordidas…- hablaba mientras desataba el cadáver. Ryo estaba petrificado de pie en medio del cuarto de baño observando aquella escena.
El del parche tomó el cadáver y lo arrastró fuera del lugar, se volvió unos instantes a desagotar la tina para limpiarla y volver a llenarla. El pequeño miró de soslayo a la puerta en donde se podía ver parte del cadáver tendido en el suelo.
-Hora del baño- le dijo su amo tomándolo para sumergirlo en el agua que estaba bastante fría – Iré a tirar la basura, si llegas a salirte de este lugar te asesino. ¿Entendido?

-…Si…- respondió con miedo comenzando a limpiarse toda la sangre que llevaba encima. Siguió con la mirada al vampiro que salió por la puerta del baño, momentos más tarde escuchó la puerta de la habitación cerrarse. Continuó limpiándose deduciendo que con el término “basura” se había referido al cadáver… ¿Él terminaría siendo basura también? Se cubrió la cara comenzando a llorar, todo el cuerpo le dolía además de sentirse muy débil y asustado. Se abrazó a si mismo unos momentos en los que escuchó la puerta volver a abrirse.

-He regresado – anunció el amo entrando por la puerta del cuarto de baño - ¿Ya te limpiaste?

-Si señor…- respondió sin mirarlo.

-Sal de ahí entonces – se cruzó de brazos observándolo, con su cabeza hizo un movimiento para hacerle saber que a su lado derecho había una toalla. Ryo la tomó con las manos temblorosas cubriéndose con ella, tenía mucho frío. Caminó en silencio siguiendo al que le hizo una seña y ya iba por la puerta. Observó con atención el lugar, el cadáver obviamente no estaba. – Ya casi va a amanecer, que no se te ocurra despertarme porque vas a lamentarlo por el resto de tu vida. Y si quieres escapar de aquí morirás, así que te recomiendo que también duermas – más que instrucciones eran amenazas las que salían de su boca mientras se quitaba las botas y el chaleco que llevaba. Apagó la luz y cerró un poco las cortinas para luego acostarse - ¿Y que estás esperando tu ahí? – le dijo al pequeño que aún permanecía de pie en la habitación. Éste dejó la toalla en el suelo y también se metió en la cama acomodándose lejos del vampiro - …No te he dicho mi nombre ahora que lo recuerdo – escuchó en medio de la oscuridad ya con sus ojos cerrados – Soy Seth y soy tu amo, recuerda bien eso

-Si – solo se limitó a responder y suspiró pesadamente.

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