Juka corrió algunos minutos hasta asegurarse de que aquel hombre no lo perseguía. Se detuvo y agitado descansó. Caminó cuatro calles hasta quedar de pie frente a una casa muy bonita. Un portal y detrás de él un gran parque con muchas rosas, entró en el parque y caminó lentamente hacia la puerta, giró el pomo para entrar, la puerta estaba abierta.
Entró cerrando silenciosamente, acomodó un par de cortinas que estaban semiabiertas. Esa era la casa de su amo y sabía muy bien que si no estaba completamente oscura durante el día se enfadaría con él y lo castigaría.
Continuó caminando silenciosamente, no quería despertar a su amo que dormía plácidamente en su dormitorio. Caminó por un pasillo hasta entrar en una habitación, su habitación y se recostó agotado en su cama quedándose dormido a los pocos minutos de observar la nada en la oscuridad.
-Juka…despierta- una voz suave. Juka abrió los ojos lentamente para encontrarse con su amo vampiro sentado al borde de su cama.
-s-señor! Perdóneme por haberme quedado dormido, perdóneme! – dijo Juka dando un salto de la cama y poniéndose de rodillas, su cuerpo no dejaba de temblar – yo no he podido conseguir lo que me pidió, iba a ir a buscarla luego de descansar un poco, lo siento, lo siento mucho- se disculpaba una y otra vez
-¿Y que voy a cenar hoy? ¿Acaso quieres matarme de hambre?!- dijo fríamente empujando al chico, este cayó golpeando su espalda contra el frío suelo.
-lo siento…- llorisqueaba Juka cubriéndose su cabeza con sus manos, su amo se acercaba a él lentamente – le prometo que mañana no voy a fallar señor Mana-sama, por favor no me castigue!
-ven aquí- dijo fríamente y tomándolo por un hombro lo alzó del suelo – más vale que mañana mismo consigas a esa chica que te pedí… ¿tan difícil es hacer lo que te pido? ¿así me pagas? Recuerda que yo he salvado tu insignificante vida
- lo se, señor, lo se, prometo encontrarla- Juka no podía moverse, el miedo casi no le dejaba respirar
- mmhh…de todas formas hoy tendré que castigarte, parece que nunca aprendes, Juka- dijo con un tono fingido de preocupación.
-no lo haga, por favor- las lágrimas comenzaron a caer sin poder detenerse, intentar huir empeoraría las cosas, ahora tenía miedo, miedo a sufrir, cada vez que su amo lo castigaba le dejaba horribles heridas, cicatrices que ni de su piel ni de su alma podría borrar nunca.
Gritó cuando Mana lo arrojó sobre la cama. Paralizado, sabía lo que lo esperaba, Mana iba a someterlo una vez más. Desde hacía muchos años su amo lo obligaba a hacer este tipo de cosas, además de torturarlo y casi desangrarlo cuando no había mujeres extranjeras en la ciudad…ese tipo de mujeres eran las favoritas del vampiro, decía que su sangre era única, totalmente diferente a las de su propio país.
-por favor, no!- gritaba mientras llorando intentaba inútilmente escapar. Evitó un beso de Mana, y este, enfadado por el rechazo lo tomó por la mandíbula y lo besó a la fuerza. Con su mano libre sostuvo las muñecas de Juka mientras que con sus piernas sostenía el pequeño cuerpo.
-tú sabes lo mucho que me excita verte así, si quieres que esta vez no sea rudo contigo no me rechaces de esa manera. ¿Acaso tu amo te produce asco? – preguntó sarcásticamente. En un acceso de rabia, Juka escupió aquel delicado y femenino rostro del cual esa expresión fría se borró dejando paso a una de ira – tú te lo buscaste- le dijo antes de comenzar a forzarle los pantalones.
Por más que intentaba soltarse era imposible, el vampiro era demasiado fuerte. Sus muñecas dolían, su alma dolía, una vez más estaba haciéndole esto y no podía hacer nada para evitarlo.
Cerró sus ojos fuertemente, más lágrimas escaparon, Mana lo volteó hábilmente dejando su espalda a su merced, de esta manera las posibilidades de escapar eran aún menores. Apretó aún más sus parpados y unas cuantas lágrimas más se escaparon al sentir ese dolor que ya hacía años era tan común.
Sentía sangrar, su voz iba desvaneciéndose, ya ni siquiera podía gritar, no quedaban lágrimas para llorar y no había nadie que lo ayudara. Mana no era nada delicado, lo embestía con demasiada fuerza mientras que acercaba su boca a su oído gimiendo placenteramente, besándolo en su cuello y en su espalda dándole a Juka esa sensación de estar eternamente sucio.
Parecía que los minutos eran eternos, finalmente su amo terminó con un gran gemido, se recostó a su lado algunos instantes antes de ponerse de pie y caminar fuera de la habitación acomodándose la ropa.
Solo, en aquella habitación iluminada por pequeños rayos de luz de luna que se colaban por la ventana, se cubrió y en posición fetal, aún temblando se abrazó sus rodillas y comenzó a llorar de nuevo.
-¿Por qué? ¿Porque tenías que morir, mamá…papá….? Los necesito – dijo casi en susurro entre lágrimas.
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