Love means Sacrifice - Capítulo 31

-¿Ya te vas? Voy contigo – más que un comentario parecía una orden por parte de Kamijo, Teru aceptó asintiendo feliz, una sonrisa muy linda en su rostro característica de él.
El mayor se arregló rápidamente tomando las llaves del departamento para luego cerrarlo una vez que salieron. Iban a ir “al trabajo de Teru” como le llamaba él mismo. Bajaron por las escaleras, el menor tarareaba una canción que anoche Kamijo creyó escuchar mientras miraban la tele. Sonrió apenas. Una vez salidos del departamento caminaron por las calles del vecindario hasta la salida, el camino no era largo, justo a unas calles estaba una de las paradas del subterráneo.
La calle estaba llena de gente, nadie notaría si le tomaba la mano mientras caminaban. Tímidamente Kamijo tomó la mano de Teru, con delicadeza sin hacer ningún movimiento brusco como presionarle demasiado la mano. Para su sorpresa el menor correspondió a ese gesto sin problemas mirando hacia todos lados en los negocios la variedad de artículos que había.
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Y como el oficial Seiji lo había dicho, una vez esposado dos policías lo dirigieron a la salida, tomándolo por el hombro con firmeza haciéndolo caminar a un paso medianamente rápido. Una vez llegado a la puerta lo liberaron tal cual fuera un animal, un pequeño empujón con el que casi cae contra el duro material de la calle. Se sobó las muñecas en las que tenía marcas rojas y palpitantes mientras comenzaba a caminar lejos de ese lugar.
Iría primero a buscar a Satoshi que a estas alturas estaría en la casa de Mikaru si no lo habían capturado. Había ido varias veces a ese departamento, conocía a Mikaru desde hacía ya bastante tiempo pero hacía más de un mes que no lo veía.
Luego de salir de las cinco calles de “la zona de peligro” a la que llamaban los maleantes a esas cinco calles que rodeaban a la cárcel, comenzó a caminar a un ritmo más tranquilo. El camino era largo pero la tarde era espléndida, hermosa para disfrutar.
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Metió al pequeño en el auto y luego se sentó a su lugar del conductor. Encendió el motor y pisó suavemente el acelerador para poner en marcha el vehículo. Kenji permanecía quieto, rendido, estaba agitado por los esfuerzos que había hecho por escapar. Se recostó en su asiento mirando por la ventana mientras se llevaba a cabo el recorrido ya para él muy conocido. Aún estaba amordazado.
Satoshi tampoco hablaba concentrado en conducir. Pensó también en las palabras que le había dicho Kenji en su habitación, en el enfado que traía aquel chico.
Tomaron una avenida luego de doblar en una esquina, al detenerse en el alto de pronto el menor abrió la puerta escapándose, echó a correr por la acera en sentido contrario a los autos.
-¡¡Oye!! ¿Qué haces? – el pelinegro no terminó de formular esa pregunta cuando el pequeño ya iba por la otra calle.
Kenji corrió, se quitó la mordaza que llevaba puesta arrojándola al suelo con violencia, dobló en una esquina que daba con la calle de su casa…pero aún estaba a más de 15 calles de ella. Respiraba agitado, su corazón latía rápido y fuerte, temblaba. Pensó en que estando en esa calle Satoshi podría doblar con su auto e interceptarlo así que tomó la calle siguiente en la que lo autos iban en sentido contrario a su carrera.
Por su parte el pelinegro como era de suponer no iba a rendirse tan rápido, dobló a la calle siguiente ya que había logrado ver como el menor doblaba en la esquina. Tampoco era tan rápido como para correr tantas calles en tan poco tiempo. Tomó la calle siguiente conduciendo despacio, buscando algún rastro del chico pero nada había.
Después de todo el plan de Kenji había funcionado a la perfección y se dirigía, aún corriendo a casa.
Luego de conducir en línea recta durante algunas calles sin resultado decidió doblar, conduciría hasta la casa de Kenji a la que supuso que él mismo se dirigía luego de haber escapado. Sabía que el menor no tenía otro lugar al que ir. Lo esperaría en la misma esquina de siempre para volver a capturarlo.
Y así lo hizo, conducía hacia aquella casa cuando al cruzar una calle miró hacia el sentido en que venían los demás auto para así evitar un choque, justo en paralelo a su calle pudo ver al menor cruzando hacia la calle siguiente. Caminaba rápidamente a modo casi de correr. Se adelantó y dobló en la siguiente esquina a pesar de que casi chocara contra un automóvil que iba a bastante velocidad, aceleró luego frenando de un golpe y así quedando justo enfrente del pequeño que al verlo abrió grandes los ojos y echó a correr en sentido contrario.
-No vas a escaparte de nuevo – dijo en tono bastante alto como para que el pequeño lo escuchara, dejó incluso el auto en marcha echando a correr detrás del menor al que alcanzó a los pocos segundos. Lo atrapó por la espalda sosteniéndole los brazos, arrastrándolo hacia el auto para volver a meterlo. Le amarró las manos con el cinturón de seguridad haciéndolo gritar de dolor. Una vez el objetivo recuperado volvió a ponerse en viaje hacia el departamento del rubio.
-Eres inteligente – le elogiaba mientras conducía – Pero no tanto, te has dejado descubrir de una manera muy tonta
- Pues no me importa, pensaré en otra manera de escapar – su enfado llegaba hasta las nubes
Satoshi echó a reír, hasta le resultaba tierna la actitud del pequeño – Te he amarrado bien así que no podrás escapar – explicaba mientras se detenía en un alto – Mikaru se pondrá feliz al verte…y creo que a ti te gustará la forma en que lo dejé en su departamento – dijo esto último en tono algo picarón – lo amarré a su cama ya que estaba como loco queriendo salir de su hogar para ir a buscarte
- ... ¿S-si? – preguntó Kenji sorprendido de aquel pequeño relato – También lo hiciste para que no te golpeara, después de todo tu tienes la culpa
- Oye deja ya de ser tan duro conmigo, se que tengo la culpa pero no sabía que eras tan lento como para que te atraparan
- ¡Idiota!
-Nunca más lo volveré a hacer, ¿Me perdonas?
-No…
-¿Y si te llevo a tomar un helado me perdonas?
- Tampoco
-¿Una hamburguesa? ¿No se te antoja comida rápida?
-¡Deja de sobornarme con comida! – explotó a la vez que Satoshi se echaba a reír - ¡Y deja de reírte de mí!
- Ahora entiendo porque Mikaru te ama tanto…eres un niño precioso – le besó la mejilla a modo de cariño
-¿Ama dijiste? El…no creo que haga eso – sus mejillas se habían puesto completamente rojas
-Oh por supuesto que si lo hace, ¿Qué no te das cuenta? Además a ti también te gusta – dobló para tomar la calle que los llevaría al vecindario – Y si tienes dudas pregúntale
Kenji no respondió, se quedó en silencio mirando por la ventana el resto del camino, Satoshi lo miró de reojo varias veces sonriendo. A lo lejos se podían divisar ya edificio grises y altos. Algunas personas colgando o descolgando la ropa en los balcones. El cielo de la tarde contrastaba muy poco con esa imagen casi decadente. Era como si ese vecindario estuviera en otra dimensión, oscura y muy antigua.

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