-No quiero, arde – hacía pucheros para evitar que su hermano siguiera curándolo, pero este insistía en que era algo necesario
-Por favor, Teru…se pueden infectar y traerían complicaciones
-Pero arde
-Se que arde…pero luego pasará y ya no correrás riesgo de que se infecten
- …Bueno…- se desabotonó todos los botones de la camisa para así dejar que Kamijo apoyara suavemente una gasa embebida en alcohol sobre cada una de las pequeñas quemaduras. Cerró sus ojos apretando sus párpados para poder soportar el ardor que le causaba.
-Ya casi termino…- dijo tomando de una mano a Teru para que este la apretara, en verdad no le gustaba ver de esa manera a su hermano, sufriendo casi al punto de llorar. A él solo le gustaba verlo sonreír con esa sonrisa tan tierna que tenía, propia de él.
Sus padres habían sido asesinados por la mafia en su propia casa, Kamijo tenía apenas ocho años cuando quedó a cargo de su pequeño hermano de tres y con la ayuda de una pareja de amigos de sus padres, los padres de Mikaru, pudieron sobrevivir hasta que ellos mismos murieran tres años después en un conflicto entre bandos quedando también huérfano Mikaru.
-Ya está…- dijo caminando hacia la cocina luego para arrojar la gasa usada al cesto de la basura, volviendo al sillón con su hermano -¿Quieres dormir un poco?
-No, no tengo sueño
-…Bueno… - le acarició el cabello un par de veces en un gesto cariñoso
-Quédate conmigo un rato por favor, ¿Si?
-Si – aunque aún tenía muchas cosas para hacer decidió quedarse hasta que Teru se tranquilizara un poco y tal vez le diera sueño, así lo dejaría dormir e iría a atender unos asuntos pendientes.
El menor se recostó apoyando su cabeza en las piernas de Kamijo que continuó acariciándole el cabello regalándole una que otra mirada. Pronto recordó el día en que sus padres habían llegado a casa con unas mantas en brazos, dejándolas sobre la mesa. En su curiosidad había ido a ver de que se trataba eso y al abrir las mantas pudo encontrar a un pequeño bebé durmiendo.
-Él es tu nuevo hermano, Kamijo – aún resonaban las palabras de su madre en su cabeza cuando lo recordaba – Alguien lo ha abandonado en medio de la noche…y con este frío…ahora será parte de nuestra familia.
Se había quedado observando a ese bebé que dormía tranquilamente, al acercar un dedo a una de sus pequeñas manitos estas lo atraparon suavemente...
- Mi hermanito – dijo en voz baja mientras acariciaba la mejilla de su hermano menor ahora dormido en sus piernas.
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-Ya para que duele – decía entre dientes mientras Satoshi apoyaba de a momentos el hielo sobre los labios de Mikaru.
-Ay vamos… ¿Cuántas heridas peores has tenido y ni quejas? No te comportes como niña – seguía apoyándole el hielo quitándolo de a momentos para ver si la inflamación había bajado un poco – Estás lleno de cicatrices y por un pequeño golpe ya te pones llorón
-¡Satoshi! ¡Duele! ¡Detente!
-Ay amor no digas eso que me haces imaginarme cosas…- bromeó antes de soltar una risa al ver la reacción de Mikaru – Y que bueno que no te dio en los ojos
-¿Podrías poner hielo aquí? – señaló el lugar en su cabeza que tanto le dolía mientras tomaba la cajilla de cigarros del bolsillo de Satoshi para tomar uno y encenderlo.
-¡Oye! Son caros… - se quejó el dueño de la cajilla al ver como le robaban
-Como si los hubieras pagado…- agregó luego de soltar el humo
-Los tomé prestados pero eso no quita que sean caros
- …Claro…- dio unas palmaditas en la rodilla de Satoshi mientras continuaba fumando y este aplicándole frío sobre los golpes.
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Bajó del taxi que se desapareció rápidamente por la calle luego de que cerrara la puerta. De pie frente a ese vecindario observó esas casas y edificios que crecían hacia todas las direcciones, arruinadas, comidas por el tiempo y sus factores.
Recordó lo que el mayor le había dicho, era peligroso adentrarse solo en ese lugar donde no lo conocían... ¿Si caminaba rápido podría reconocer de nuevo la fachada del edificio? Tenía buena memoria así que lo más probable fuera que si la reconocería.
Trago saliva y se disponía a caminar cuando vio que un par de muchachos se acercaban, venían desde la derecha, por la calle caminando tranquilamente hacia él, mirándole.
Se adentró rápidamente intentando evadirlos pero no lo pudo hacer por mucho tiempo, uno de los chicos lo detuvo tomándolo por el hombro.
-¿Estás perdido? – le preguntó el otro, una sonrisa maligna en sus labios.
-E-etto…s-si…estoy perdido – respondió intentando quitarse esa mano de su hombro pero el chico apretó más acercándose un poco a él.
-Si quieres puedes venir a casa… ¿Tienes tiempo para divertirte?
- ¿Q-Qué? No…no no puedo…ya…me voy – intentó correr pero el chico que antes le tomaba el hombro ahora lo había agarrado por la muñeca torciéndole el brazo hacia atrás haciéndolo gritar.
- Cuando yo digo que quiero divertirme, lo hago- le dijo al oído en un tono que le recorrieron unos escalosfríos.
-Así que tu vendrás con nosotros – agregó el otro chico y comenzaron a caminar.
Kenji temblaba y voz casi se había ido, lo estaban secuestrando y vaya a saber que iban a hacerle luego, a que llamaban “diversión” ese par. Intentó gritar pero con su mano libre el chico que lo sostenía le cubrió la boca. Se sacudió intentando soltarse haciendo que cayeran al piso.
-Quédate quieto – le dijo fríamente el chico en el piso tomándolo de una pierna cuando Kenji al fin había logrado escapar, se levantó y lo tomó de las piernas mientras que el otro chico lo sostenía rodeándole medio torso.
Había logrado recuperar su voz, y no dudó en usarla. Entre gritos de ayuda y sacudidas comenzaron a caminar de nuevo llevando a Kenji a lo largo de la calle, al parecer nadie pasaba por la calle a esas horas. ¿Qué haría si no podría escapar? Continuó luchando con todas sus fuerzas ahora insultando a sus secuestradores.
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