Love means Sacrifice - Capítulo 32

-Que callado, ¿Aun enfadado? ¿Te duelen las muñecas? – el pelinegro le hablaba mientras el ascensor subía, la atmósfera a su parecer estaba bastante pesada.

- Si, estoy enfadado, ya te he dicho que no quiero saber nada acerca de ustedes y tú insistes en traerme aquí de nuevo como un terco. La muñecas me duelen porque alguien me amarró demasiado fuerte.

- Eres rencoroso… ¿Acaso no olvidas ni perdonas con facilidad? – dejó pasar primero a Kenji una vez que las puertas del ascensor se abrieron

- ¡Pues no! Entraré a ese departamento para decirle todo lo que tenga que decirle y luego me iré a casa

- Pero…él no tiene la culpa de nada, el culpable aquí soy yo por no haberte cuidado, además si no lo hubiera convencido él no te hubiera dejado ir.

-Oh ya veo…lo habían planeado entre los dos – comenzó a enfadarse aún más

-No…no es tan así, déjame explicarte – tomaba las llaves mientras llegaban a la puerta

- Cállate y abre esa puerta – se cruzó de brazos enfadado esperando a que el mayor abriera la puerta.

Una vez abierta la puerta y ellos dentro, Satoshi guió al pequeño hacia la habitación de Mikaru, al cual se acercó para desatarle las muñecas que le había amarrado al respaldo de la cama.

- Ya estaba entumeciéndome… ¿Porque tardaron tanto? – un ligero tono de molestia se notaba en su voz

- Tuve algunos inconvenientes pero…bueno… ¿Cómo que tardamos?¿Acaso sabías que lo iba a traer aquí?

- De alguna forma tenemos la mente conectada – se sobó las muñecas lanzando una fugaz mirada a Kenji - ¿Estas bien? – le preguntó en un tono más bajo

- Pues aquí me ves – se mantenía de pie a una distancia de la cama, se encogió de hombros, miró hacia otro lado.

- ¿No te hicieron nada malo en aquel lugar? ¿En verdad estas bien? Acércate un poco, ven siéntate aquí – le señaló con calma un lugar a su lado en el borde de la cama, una mirada de preocupación pero a la vez de ternura pudo notar el menor en los ojos del otro.

Vaciló unos momentos y sin ganas caminó a sentarse donde el mayor le había indicado – Estoy bien, solo me tomaron mis datos, huellas digitales – le mostró sus dedos en los que aún había rastros de tinta negra – un par de fotos…luego llamaron a mis padres para que me retiraran de allí – intentaba evadir esa mirada a todo costo, nunca había visto así de preocupado a Mikaru.

El rubio se incorporó con un gesto de dolor, apoyando una de sus manos sobre la herida y con la otra tomando el rostro de Kenji, girándolo un poco para que lo mirara – Me alegra que estés bien…y es natural que estés enfadado pero ya no volverá a suceder. Jamás tendría que haberle dejado a Satoshi que te llevara.

-Lo se…por eso…no creo que vuelva por aquí – simplemente no podía verlo a los ojos mientras decía eso, no quería ver como la expresión de Mikaru se transformaba en ese momento – Yo…no puedo seguir viéndome con delincuentes, no es sano ni me beneficia, necesito volver a mi vida normal – se quedó en silencio esperando una respuesta

- Oye no digas eso – replicó invadido de repente por el cólera, ninguno de los dos notó como Satoshi se retiraba hacia la sala cerrando la puerta de la habitación, esto después de todo se había transformado en un tema que ambos debían tratar estando solos.

- Lo digo porque es la verdad, incluso tú lo sabes

- No es la verdad… ¿De donde has sacado eso? Estás equivocándote si piensas que nosotros tenemos la culpa de todo lo malo que te pase. ¿Vida normal? Claro…- reaccionó de repente más furioso – Entonces ve a continuar con tu vida normal y aburrida. Vas a arrepentirte de reemplazar el amor por algo tan superficial como sacar puras notas buenas en la escuela.

Kenji abrió los ojos clavando su mirada en Mikaru, jamás pensó que fuera capaz de decirle algo como eso…aunque en cierta forma fuera la verdad esas palabras eran hirientes…ambos estaban alterados y eso no ayudaba a mejorar las cosas. El menor se levantó de la cama caminando hacia la ventana, mirando a través de ella el paisaje decadente. Sus ojos se llenaron de lágrimas que contuvo. ¿Quién era él después de todo para decirle eso? Sentía como si de repente fuera un insecto al cual unos niños malvados hubieran atrapado y arrancado las alas.

-Tal vez tengas razón – dijo a punto de quebrarse – Pero…el amor no lo es todo en la vida, deberías saberlo, me voy a casa, adiós – dio media vuelta comenzando a caminar, hizo oídos sordos a las palabras de Mikaru. Cuando este se sentó con dificultad en la cama abrió la puerta de la habitación corriendo hacia la puerta de salida.

Satoshi, sentado en el sofá vio como el pequeño salía precipitadamente hacia el pasillo, - ¿Oye y tú a donde vas? – le preguntó a su amigo que estaba de pie en la puerta de la habitación

-A buscarlo…podría pasarle algo malo si sale solo de aquí

- Tú recuéstate, yo lo vigilaré hasta que salga de aquí, ¿Si?

- Júrame por tu vida que no va a volver a pasarle nada – Satoshi creyó que su amigo iba a desmayarse luego de decir eso, pudo ver pequeñas gotitas de sudor en el rostro del rubio, su respiración estaba algo agitada y su tono de voz era bastante extraño.

- Lo juro – recostó a su amigo y corrió escaleras abajo en busca del menor. No iba a molestarse en hablarle, solo iba a ir tras él a una distancia prudente para vigilar de que nada le sucediera, una vez que estuviera seguro en el centro de la ciudad volvería a con su amigo, quizá sería mejor llamar al enfermero para que lo revise.

Buscó hasta divisar al pequeño que aún corría, iba por la calle correcta dirigiéndose a la salida del vecindario. Pudo ver como se detuvo a una calle de éste una vez que salió, a esa distancia incluso podía ver lo agitado que estaba el menor, como se secaba las lágrimas con sus puños. Se escondió a tiempo cuando este se giró a mirar hacia atrás, emprendió su camino nuevamente. Satoshi lo vigiló hasta que finalmente vio como este llegaba al centro de la ciudad, aunque ya casi anochecía aún había demasiada gente, eso era seguro. Pensó en tal vez más tarde solo ir a echar un vistazo sin molestar para saber si el menor ya estaba en casa sano y salvo.

Una vez que lo perdió de vista se volvió para comenzar a caminar, por mera casualidad se había encontrado saliendo de la entrada del subterráneo a Kamijo y Teru. A pesar de que ya no tenían conexión con Mikaru desde hacía un tiempo por razones obvias no tenían motivo para estar enfadados con Satoshi. Juntos los tres se dirigieron a su destino.

Kenji llegó a casa casi siendo de noche, no tuvo más opción que entrar por donde había salido. Trepando la escalera de incendios se preguntó si sus padres se habrían percatado que no había estado en casa. La habitación obviamente estaba oscura, al entrar encendió todas las luces. Preparó la ducha y luego de tomar un baño caliente se puso el pijama, apagó las luces y se recostó para dormir. No tenía hambre, su cabeza explotaba, se sentía trastornado, abrumado. Cerró sus ojos que le punzaban como si estos fueran un par de objetos enterrados fuertemente en su cabeza y no una parte de su cuerpo.

Despertó al otro día con la cabeza aún doliéndole, se notaba era tarde ya porque podía sentir el aroma, a pesar de estar la ventana cerrada, de la comida típica del domingo. Estando en pijamas quitó el seguro de su puerta y bajó. Como de costumbre, ya un retrato familiar típico, su madre tejía mientras vigilaba la comida para el almuerzo que se cocinaba a fuego lento mientras su padre, en la silla de enfrente leía el periódico.

-Lee eso – le dijo en tono duro su padre luego de que el menor diera los buenos días, Kenji tomó el periódico que su padre le alcanzaba y leyó. Casi se desmaya al ver un pequeño apartado en la sección de policiales en donde se desarrollaba una noticia de unos asaltantes a una fábrica. Una foto bastante comprometedora de él junto a Iori esposado, incluso su nombre, apellido y edad aparecían en el artículo.

- Imposible…- dijo casi sin pensarlo

- ¿Tienes idea de lo que puede suceder si en la escuela se enteran de esto? – preguntó su padre aún con el mismo tono duro de antes.

- Incluso podrían expulsarme por delincuente- respondió desesperado.

- Exacto, ¿Y que más?

-…Sería una vergüenza para la familia – sus ánimos iban en descenso.

- Muy bien, al parecer comprendes la lección

Sin pensarlo arrojó el periódico sobre la mesa con violencia haciendo sobresaltar a su madre.

-Contrólate hijo – le dijo su madre sin apartar la vista del tejido.

- Estoy por caer en la ruina – solo pudo decir desesperado el menor tomándose del cabello.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Deja tu mensaje ^^