Se apoyó en un codo para poder sentirse más cómodo él mismo, mientras continuaba acariciando sus ojos se paseaban por todos los rasgos del mayor que a media luz daban una apariencia especial. Pronto sintió los típicos ruidos de las escaleras crujir, su madre se paseaba por el pasillo seguramente ordenando la ropa limpia y planchada mientras que luego de escuchar a su padre subir también al piso y el típico parloteo, el correr del agua del baño, la puerta de la habitación y del baño chirriar quedó todo en silencio.
Todo este tiempo había estado acariciando mecánicamente el cabello de Mikaru, cuando cayó en la cuenta de que este hace tiempo se había dormido dejó de acariciarle para esperar un poco más a que sus padres durmieran y así bajar a buscar alguna medicina.
Acomodó el pañuelo que tomaba temperatura rápidamente, debido a la superficie cálida en la que estaba apoyado. Se levantó varias veces, con cuidado de no despertarlo a embeber el pañuelo en agua fría para volver a apoyárselo en la frente.
-esto te pasa por tonto – le dijo en tono bajo al que dormía mientras acomodaba el pañuelo. Cuando ya sintió que era el momento indicado, abrió la puerta del dormitorio lentamente para no hacer ruido y caminó por el pasillo bajando las escaleras de dos en dos escalones para así dirigirse a la cocina rápidamente.
Encendió la luz y hurgó entre los estantes de los cuales sacó una pastilla, luego un pequeño frasco de la heladera, tomó un vaso y lo llenó con agua para luego volver a la habitación tan rápida y sigilosamente como lo había hecho antes.
Al llegar cerró la puerta asegurándola, nunca se sabía que podría pasar…encendió la luz de la lámpara proyectando la luz contra la pared, así era más suave y no molestaba tanto a la vista.
-Oye…despierta, deber tomarte esto – lo sacudió mientras le susurraba cerca del oído palabras como esas – ¡despierta tú! – lo sacudió con más violencia logrando que al fin se despertara.
-Tengo nombre…y no es “tú” es Mikaru – alcanzó a decir antes de que Kenji le tapara la boca con su mano
-Shh...están todos durmiendo así que habla en tono bajo – le reprendió y luego le dejó libre – te traje medicina
Mikaru se estiró un poco y luego se sentó en la cama, se tomó su cabeza con una mano suspirando mientras veía como Kenji medía la cantidad de medicina del frasco vertiéndola en la tapa que este tenía – bébete esto – dijo alcanzole la tapita con la medida correcta y buscó la pastilla y el vaso con agua para luego entregársela también.
- Es medicina para niños…tiene sabor a fresa – dijo luego de beber mientras tomaba la pastilla entre sus dedos y el vaso con agua en su otra mano
-No es para niños, ya tómate eso
-Si...si…ya va…
Una vez las medicinas acabadas, Kenji dejó el vaso sobre la mesita de luz y volvió a recostarse apagando la luz. Se acomodó y dio un suspiro para luego cerrar los ojos y al fin dormir un poco pero unos brazos le rodearon la cintura haciéndolo sobresaltarse. Se quedó quieto durante unos pocos segundos al notar como Mikaru se acomodaba con su cuerpo contra él pero como al parecer también se quedaría dormido se dignó a cerrar sus ojos logrando dormir a los pocos minutos.
La noche pasó rápidamente, ya fuera porque se había dormido a altas horas de la noche o porque en verdad las noches pasaban rápido y el no se daba cuenta de eso. Despertó a causa de una voz que ya conocía y un peso extra en la cama, al abrir sus ojos se encontró con el mayor prácticamente sobre él, mirándole fijo con una expresión bastante divertida. Se apoyaba en sus manos, una a cada lado del cuello de Kenji y sus rodillas apoyadas contra el colchón a cada lado de las piernas de éste.
-Hace como diez minutos tu madre está llamándote para desayunar – le dijo una vez que lo vió despierto o al menos eso le parecía que el menor estaba, lo corroboró cuando Kenji se sentó sobresaltado y temblando un poco mirándolo.
-¿Q-que haces así? ¿Tan difícil te era despertarme de una manera normal? – preguntó haciéndolo a un lado y se frotó los ojos, sus mejillas se habían puesto rojas de repente.
-Lo siento…la próxima te despierto de “una manera normal”
- ¿Próxima? Ni sueñes que habrá una próxima vez que hagas esto
-¿Por qué no? La cama es cómoda…la habitación es cálida…aunque la atención deja un poco que desear pero no todo puede ser tan perfecto
- ¿Al parecer ya te sientes mejor? - preguntó algo molesto el menor levantándose de la cama para buscar su uniforme e ir al baño a vestirse y refrescarse.
-Si, esa medicina de bebés en realidad era muy buena – se acomodó como para seguir durmiendo luego de que Kenji cerrara la puerta del baño – si no te apuras tu madre vendrá a buscarte- dijo en tono de burla escuchando el ahora irritado tono de voz de su madre – Y llegarás tarde a la escuela – le dijo en tono serio y autoritario imitando a la madre del menor mientras sonreía escuchando a Kenji desde el baño pidiéndole que se callara de una buena vez.
Salió del baño precipitadamente y salió sin antes decirle que enseguida volvía, luego de excusarse con su madre de que “se había quedado dormido por estar estudiando hasta muy tarde” y de un más que veloz desayuno frío volvió a su habitación para cepillar sus dientes y tomar su mochila para irse a la escuela.
-Debes irte rápido, mi madre no suele entrar a la habitación pero podría entrar y verte y sería un gran problema – le hablaba al mayor que aún estaba recostado mientras él preparaba su mochila – así que bien me vaya puedes vestirte e irte por el mismo lugar por donde entraste
-Si quieres te llevo a la escuela – dijo en tono desinteresado mientras tomaba el reloj despertador de Kenji en sus manos y lo miraba - ¿No se supone que la escuela siempre comienza a las ocho? Faltan menos de diez minutos para que sea esa hora – le mostró el reloj a Kenji el cual de pronto su rostro se puso muy pálido
- Llegaré…tarde…a la escuela – decía este con mochila en mano
-Por eso mismo ahora me visto y te llevo – dijo levantándose y caminando tranquilamente hacia el baño – tú ve saliendo de casa y me esperas en la esquina, ahora voy
Suspiró antes de contestar – Pues…al parecer no me queda otra opción, ¿No? – un “No” sonó desde el otro lado de la habitación y así se decidió a bajar, ponerse los zapatos y despedirse de su madre saliendo por la puerta. Caminó unos pasos y esperó de pie a un lado del auto del mayor mirando hacia la ventana de su habitación para verle salir. Pronto éste se asomó abriendo las cortinas un poco para poder pasar y comenzar a bajar hábilmente.
-Bueno – dijo tomando sus llaves, que estaban en el bolsillo de su pantalón – andando – le abrió la puerta a Kenji y luego se dirigió a el lugar del conductor para sentarse el también, encender el motor y poner el marcha el auto, acelerando y conduciendo claro…al “modo Mikaru”. El menor se aferró a su asiento sin tener tiempo a abrocharse el cinturón de seguridad, cerró sus ojos para evitar que todo le dé vueltas.
-Por cierto… ¿A que escuela vamos? – preguntó encendiéndose un cigarro
-Y-yo te guío…- contestó Kenji asustado porque ya se habían pasado tres altos y tenía la sensación de que en cualquier momento chocarían.
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