Es una hermosa noche, observo a mi único amor, la luna, ese círculo plateado que con tal solo verlo hace que todo en mi ser calme. Nadie ya camina por las calles a estas horas, si no encuentro una presa esta noche tendré que entrar en algún sitio. Continúo caminando sin rumbo fijo, sin éxito, nunca hubiera imaginado lo desiertas que pueden ser a veces estas calles de París.
Me topo con un enorme edificio, muy precioso, ya he estado aquí antes, es el museo de Louvre. Decido entrar sin que nadie me vea, seguramente los guardias deben de andar rondando por ahí. Recorro una a una las salas, todo es hermoso y me recuerda a aquellas épocas pasadas donde la gente vivía entre todas estas cosas que ahora se encuentran aquí, si, he vivido muchos años, más de los que puedo recordar, la eternidad es demasiado extensa y yo siempre permaneceré joven, tan joven como esta noche.
De la soledad ni hablar, el mito del vampiro solitario murió cuando todos esos humanos transformados comenzaron a reunirse, a formar pequeños grupos y luego sociedades, nunca me intrometí, más bien nunca me ha interesado unirme a ellos; vampiros, humanos...todos son igual de asquerosos y detestables, por eso siempre que he mordido a alguien he separado su cabeza de su cuerpo, no quiero más de esas pestes en el mundo.
Camino por un pasillo, doblo hacia la derecha pero de pronto escucho pasos, a mi lado hay una puerta, la abro y sigilosamente entro, el ruido de esos pasos se hace más fuerte, puedo ver una luz, los pasos de detienen justo frente a esa puerta, debo esconderme pero...ese humano…su sangre huele tan bien...y aún no he comido, la perilla de la puerta se mueve, yo me escondo detrás de una antigua biblioteca, desde aquí puedo observarlo todo, es un guardia, entra e ilumina cada rincón de la habitación con su lámpara, sus ojos son azules y su cabello muy oscuro, su cuello me invita a morderlo, el continúa caminando por la habitación creo que puede sentir mi presencia, aprovecho el momento en que está de espaldas para abalanzarme sobre él, grita asustado y logra escaparse de mis brazos, seguramente ese grito ha alertado a otros guardias así que tendré que deshacerme de él rápidamente, me pongo de pie frente a él, soy un poco más alto, el humano permanece quieto, petrificado, huelo su miedo, la luz de la luna que entra por el amplio ventanal e ilumina su rostro, es realmente hermoso, sus ojos, sus labios, su cabello, es perfecto, lo tomo por los hombros y acerco mis labios a su cuello, sin pensarlo dos veces entierro mis colmillos y la sangre comienza a salir, él se queja y se aferra a mis hombros, por alguna razón eso hace que rodee su cuerpo con mis brazos y lo atraiga hacia el mío.
Algo inesperado, el chico emite un suave gemido y acaricia mis largos cabellos, retiro mis colmillos un momento y lo miro a los ojos, le pregunto como se llama, el me dice que se llama Juka…que nombre tan hermoso, al igual que él, lástima que luego tendré que destrozarlo, continúa acariciando mis cabellos y luego mis labios, que están repletos de su sangre, - esto es muy extraño, pero me gusta – me dice para luego dejarse caer sobre mí, está muy débil, lo recuesto en el suelo, yo a su lado y continúo alimentándome de él. Ya queda poca sangre en su cuerpo que comienza a convulsionarse, luego se queda quieto.
Me pongo de pie y lo observo, de pronto escucho pasos muy rápidos, parecen varias personas, seguramente son sus compañeros que lo buscan, la puerta se abre pero yo ya me he internado en la noche.
Me dirijo a mi habitación que se encuentra en un hotel de mala muerte, duermo ahí cada día, nadie la ha abierto en años, pues no tiene electricidad y tiene pérdidas de agua, no es apta para que alguien la utilice; de todas formas es cómoda, oscura y lúgubre, después de todo soy una criatura de la noche. El sol comienza a asomarse, cierro las cortinas para que sus rayos no me lastimen, me recuesto y duermo hasta que la noche vuelva a nacer.
Al despertar todo está oscuro, me siento en mi cama, luego me pongo de pie y camino hacia la ventana, hago a un lado las cortinas y allí está sentado un hombre, su camisa blanca tiene manchas de sangre, pero…un momento…estoy de pie frente a Juka, recuerdo que al huir olvidé la parte más importante: darle un eterno descanso.
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